Cuentan que en los años ochenta surgió en Polonia un movimiento llamado ‘La alternativa naranja’, cuyo símbolo era un pequeño nomo, formado por ciudadanos que estaban en contra de la declaración de la ley marcial en el país y el absolutismo comunista. Estos empezaron a protestar de manera pacífica para exigir una transición hacia un sistema democrático vistiendo con ropas de color naranja y paseando por la ciudad. Sin más. Supongo que ya estarían hartos de acciones bélicas, pues desde el señor Bonaparte hasta Hitler se obsesionaron con conseguir dominar este país. Es por ello que prefirieron luchar por conseguir un país libre mediante estas ingeniosas manifestaciones mudas pero que resultaron ser de lo más eficaces.
En una ocasión, un grupo de activistas hizo una pintada en la sede del partido comunista reivindicando el fin de la gran dictadura y que firmaron con el pseudónimo de ‘los nomos’. Hoy, en cualquier rincón del centro de Wroclaw, como recuerdo y homenaje a esos que lucharon por la libertad, se pueden encontrar decenas esculturas que son pequeños nomos de bronce de unos 20 o 30 centímetros. Están en los sitios más insospechados y todos son distintos. Normalmente te los encuentras por pura casualidad. Desde uno que está en la puerta de un restaurante, hasta otro que empuja una gran bola de granito, así como en el marco de una ventana o sobre una farola.
En una ocasión, un grupo de activistas hizo una pintada en la sede del partido comunista reivindicando el fin de la gran dictadura y que firmaron con el pseudónimo de ‘los nomos’. Hoy, en cualquier rincón del centro de Wroclaw, como recuerdo y homenaje a esos que lucharon por la libertad, se pueden encontrar decenas esculturas que son pequeños nomos de bronce de unos 20 o 30 centímetros. Están en los sitios más insospechados y todos son distintos. Normalmente te los encuentras por pura casualidad. Desde uno que está en la puerta de un restaurante, hasta otro que empuja una gran bola de granito, así como en el marco de una ventana o sobre una farola.
María, Rafa y yo con un nomo Los italianos María y Luigi con otro
Es por eso que cada vez que vemos uno de esos diminutos nomos nos abalanzamos para echarnos una foto con él. El último de ellos lo hemos descubierto en el jardín botánico que hay en la ‘Isla de la catedral’, lugar que se convierte en visita obligada dada su extraordinaria belleza.
Grupo de estudiantes en los jardines de la Isla de la Catedral y vista nocturna del edificio
Pero el otro día, antes de visitar este encantador jardín, nos topamos con una simpática sorpresa. Cuando llegamos a la plaza de Rynek, que está en el centro, nos encontramos a un grupo de mujerzuelas vestidas con el atuendo típico de esta tierra. Resulta que habían instalado una carpa donde ofrecían degustaciones de comida polaca, amenizadas por los cánticos de este grupo de señoras que cantaban canciones populares del país.
Cánticos populares en la plaza de Rynek
Y parece que las sorpresas no se acaban nunca. Ayer fue la ceremonia de inauguración del año académico de mi universidad. Nuestra coordinadora nos dijo que fuésemos algo elegantes, claro que no sabíamos donde íbamos ni en qué consistía exactamente el acto. Pues resulta que cuando llegamos al lugar donde nos citaron, que era un edificio estilo gótico de la plaza central, nos dijeron que durante la ceremonia el rector nos daría la bienvenida a la institución porque somos los primeros estudiantes ERASMUS.
Antes de darme cuenta estaba sobre un pequeño escenario frente a todo el profesorado y demás pesos pesados de la institución. Claro que yo no entendía absolutamente nada, porque lógicamente la ceremonia se desarrolló íntegramente en polaco. Yo me dediqué a sonreír, asentar con la cabeza con rostro de gratitud, pues en el fondo me gustaba todo aquello y a intentar no ponerme nervioso por los flashes que me estaban dejando medio ciego.
Acto seguido, el rector se me acercó con una especie de barita de hierro con la que me dio unos golpecillos en el hombro y me entregó el libro de estudiante. Ya cuando bajé del escenario mi tutora me explicó que me había dado la bienvenida. Me dijo que María y yo “habíamos hecho historia en la universidad”, y que lo de la barita es una especie de tradición de bienvenida. Lástima que no tenga fotos de ese momento, aunque supongo que pronto me pasarán alguna, porque había varios fotógrafos y cámaras de vídeo.
Para clausurar la ceremonia nos invitaron a cenar a un coqueto restaurante, aunque para mi fue más bien una copiosa merienda, porque fue a las seis de la tarde. Seguro que hoy que empiezan las clases no pasamos muy desapercibidos. Increíble.
1 comentarios:
Qué cuentas, chico! Menudo recibimiento... Polonia es vuestra. Te imagino encima del escenario en tu salsa jaja
Oye, lo del programa genial. Yo te inicié en esto de hablar del mundo erasmus en mi programa. Acuérdate de mí cuando seas una eurostar xDD
De congresos no se mucho. Ahora que lo dices, me he acordado de que José Alberto me dijo que vendría a BCN el 28 de noviembre a algo de eso. Pero no sé en qué consiste. Cuando lo sepa te digo algo.
Cuidaos mucho
Abrazos desde Bcn
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