viernes 5 de junio de 2009

Censura, crítica y reconocimiento

Tanto la doctrina que propugnó una organización social en que los bienes eran de propiedad común, como el movimiento político y social de tendencia totalitaria durante la dictadura del general Franco, utilizaron un denominador común para ejercer un control ideológico entre sus ciudadanos. El cine. Ambos sistemas aprovecharon la popularidad del séptimo arte como medio propagandístico de sus doctrinas a través de la gran pantalla. Tras la abolición de ambos regímenes, y como resultado de la censura ejercida, las tendencias de las producciones cinematográficas polacas y españolas tomarían rumbos no tan distintos.


El 13 de noviembre de 1945 el Gobierno socialista polaco fundó por decreto la organización Film Polski, encargada de organizar las actividades fílmicas de producción, distribución, exportación e importación de películas y equipos, así como de la formación de artistas y técnicos. Tras la ocupación nazi, y como consecuencia de la actividad bélica, quedaron destruidos todos los estudios y laboratorios cinematográficos de Polonia. Así, la esfera política se encargo de retomar la actividad cinematográfica y engrasó la maquinaria productora de cine con el objetivo de hacer propaganda del régimen socialista. Se vetaron las películas americanas y todo intento de filmar largometrajes de temática contraria a la ideología comunista. Tan solo se financió a aquellos filmes a los que un grupo de censores dio el visto bueno.



Y dado que la economía comunista no permitía el empleo de capitales privados, todas las actividades de realización quedaron en manos del Gobierno. Una de las producciones más representativas de esta época fue La última etapa, de Wanda Jacuboska, que trata de la historia de la IIGM desde el punto de vista comunista y de la vida en los campos de concentración. Fue la primera gran aparición del cine polaco en el escenario internacional y recibió elogiosas críticas por ello. Así, hasta 1951 se produjeron 14 largometrajes, 685 documentales y 170 filmes educativos, además de algunas series de dibujos animados, según los datos de la propia Film Polski, que ostentaba el bastón de mando del monopolio del cine.

Con la muerte de Stalin, en 1955, Polonia tuvo un Gobierno de tinte más liberal de la mano de Władysław Gomułka. Aprovechando que el puño represor se había abierto en cierta medida, los cineastas propusieron la descentralización de la Film Polski, y consiguieron crear grupos fílmicos con cierta autonomía en la elección de temas y el presupuesto económico. Nacería así la escuela polaca de cine, que se apartó en cierto modo de los temas del realismo socialista y se centró en producciones basadas en los rasgos históricos y humanos del país. Son bastante conocidas las películas Kanal, Cenizas y Diamantes, del director Wajda, y Madre Juana de los Ángeles, de Kawaterowicz. Los cineastas gozaban de cierta libertad y plasmaron metáforas y simbología de transfondo en sus largometrajes, burlando de alguna manera a los organismos censores y dirigiendo guiños cómplices al público. A cuentagotas, se irían derribando las barreras al cine extranjero, y durante la agonía del Gobierno Comunista, la permisividad temática fue creciendo. En 1974 se celebró el primer festival de cine en polaco en la ciudad de Gdansk.

Durante los últimos diez años de la era Comunista en Polonia, se permitió la reproducción de cine americano, apertura que la ciudadanía abrazó con entusiasmo. En 1989, recién caído el régimen, se aprobó una nueva ley de cinematografía, cuya principal novedad fue la apertura al capital privado para la financiación de cine, además de la eliminación de barreras contextuales.



Ni rojos, ni besos
El desenlace de la Guerra Civil española en 1936 con la victoria del Bando Nacional, provocó que numerosos artistas huyeran del país. El nuevo régimen estableció la censura, capitaneada por la Iglesia y el ejército, y se impuso un tipo de cine que apoyase la dictadura, al igual que sucedió en Polonia en los inicios del régimen Comunista. Se creó así el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas en 1947, que al igual que el Film Polski, formalizó y profesionalizó los diferentes oficios del cine, y se obligó a traducir todas las películas extranjeras al idioma castellano. Además, estos largometrajes de producción no nacional, se modificaban para que fuesen aptos para los españoles, eliminando por ejemplo las escenas donde una pareja se besara. De igual forma, se comenzó a realizar el popular NO-DO, breve cortometraje que se emitía en las salas de cine antes de la reproducción de las películas y cuyo principal objetivo era el adoctrinamiento de la ciudadanía.


Establecida la censura, se recurrió en un principio a filmar temas que idealizaban el triunfo franquista en la guerra. Cabe destacar la película emitida en 1940 Raza, escrita por el mismo Franco, y con elementos autobiográficos del dictador. Después, se centraron en temas que exaltaban el nacionalismo español y los episodios heroicos de la patria, como se plasma en los filmes Agustina de Aragón, o Los últimos de Filipinas. De la misma manera, otro tema al que recurrieron con asiduidad fue el cine clerical, dado que la Iglesia era la mano derecha del dictador, siendo la película Misión blanca, protagonizada por Fernando Fernán Gómez, la más representativa. Así, el tema folclórico, con el telón de fondo de Andalucía, los toros, o las sevillanas, fue otro tema muy explotado en el momento.

En la década de los cincuenta, el fin relativo del aislamiento político de España se vio plasmado reflejado en algunos largometrajes. La película estrenada en 1952 ¡Bienvenido, Mister Marschall , del director Berlanga, o el éxito en 1958 de Las chicas de la Cruz Roja, de Rafael J. Savia, son dos ejemplos que ilustran dicha apertura.


En la década de los sesenta, el cine de temática folclórica cobró fuerza de la mano de una generación de artistas como Lola Flores, Juanita reina, Carmen Sevilla, Paquita Rico, Antonio Molina o Luis Mariano.

Entre 1962 y 1975 se produjo una cierta abertura de España al mundo exterior y comenzó una liberación de temas, y sobre todo de un ejercicio menos represor de la censura. Se empieza entonces a plasmar en películas la realidad española, periodo que se conoce como Nuevo Cine Español.


Critiquemos, ahora que podemos
Abolidos ambos regímenes, tanto los cineastas españoles como los polacos, comenzaron a plasmar en sus largometrajes la cruda y triste realidad de todo aquello que hasta entonces les estaba prohibido.

En España se aprobaron diversos decretos y leyes que garantizaban la independencia del cine en la elección de temas y recursos de financiación, al igual que en Polonia, que en 1989 se aprobó la Nueva Ley Cinematográfica que abrió paso al capital privado en financiación.

De esta manera, los largometrajes comenzaron a reflejar lo que hasta entonces estaba vetado. En el caso español aparecieron películas de corte documental que narraban la vida de aquellos que perdieron la guerra, o dan una visión real y objetiva de la España franquista. Tuvo un éxito importante Las largas vacaciones del 36, o Las bicicletas son para el verano. En el caso del país que fue comunista, se empezó a reflejar en pantalla la desesperante realidad social. Un buen ejemplo de este tipo de cine es la película Los perros, Wladyslaw Pasikowski, referida a los policías del régimen, y que ganó cinco premios en el festival de cine de Gdansk. Además, también se multiplicaron los filmes de acción, al estilo de las películas americanas, ansiadas por la población polaca, y que tanto furor comenzaron a crear entre el público.

De la misma manera, en España, también surgió una corriente de películas con un fondo de libertad sexual. Los directores Jaime de Armiña y Eloy de la Iglesia realizaron la mayoría y más significativas películas del genero. Mi querida señorita, El amor del capitán Brando, o Los placeres ocultos son buenos ejemplos de esta nuevo tipo de cine.


Pero si de un director no nos podemos olvidar es Pedro Almodóvar, que se estrenaría ante el gran publico con una película diferente Pepi, Luci, Boom y otras chicas del montón en 1980, un año después de que se desmoronara el régimen.



Del cine nacional a la conquista de Hollywood
¿Qué he hecho yo para merecer esto? Se trata del título de la película con la que Pedro Almodóvar alcanzaría el éxito en 1984. Sería con Mujeres al borde de un ataque de nervios cuando se consagró como director español y consiguió la aceptación del público y de la crítica, siendo esta última la película que durante una década fue la más taquillera del cine español. A su vez, Alex de la Iglesia con el largometraje Acción Mutante destacó como el pionero de una nueva generación de directores en 1993.

Por su parte, el cine polaco también comenzó su despegue, aunque algunos años después, dado que la llegada de la democracia fue más tardía que en España. El auge del cine en Polonia llegaría con la película La deuda, del director Krzysztof Krauze, que junto con Tadeo fueron los mayores acontecimientos cinematográficos en Polonia a comienzos del año 2000. La primera de estas, se presentó como la gran puesta de largo del cine polaco ante el público internacional. Pero lo cierto es que fue rechazada en todos los festivales a los que fue enviada.

Pero a pesar del despegue de ambas corrientes cinematográficas en Polonia y España, se sabe que hasta que los filmes no llegan a la cima de Hollywood y son nominados a la estatuilla dorada, el reconocimiento internacional es ínfimo. La primera película española que ganó un Óscar a la mejor película extranjera fue Volver a empezar de José L. Garci en 1982, a la que han seguido Belle Epoque de Fernando Trueba en 1993 , Todo sobre mi madre de Pedro Almodóvar en 1999 y Mar adentro de Alejandro Amenábar en 2005. Y el primer español que consiguió un Óscar al mejor guión original de una película española fue Pedro Almodóvar por Hable con ella en 2003. Así el primer español candidato a un Óscar como mejor actor secundario sería Javier Bardem por No country for old men, que lo convirtió también en el primer español en conseguirlo. Y la primera española ganadora de un Óscar fue Penélope Cruz, con el galardón a la mejor actriz secundaria por el filme Vicky Cristina Barcelona.



Con estos hechos relativos al panorama del cine español en la escena internacional, no es de extrañar que a día de hoy Penélope Cruz y Pedro Almodóvar sean dos de los españoles cineastas más reconocidos en Polonia. Kamil Lis, polaco de veintitrés años y estudiante de Logística, señala que “Pedro Almodóvar es uno de mis directores de cine favoritos porque en sus películas se tratan temas que otros directores de cine no se han atrevido a plasmar”. Además, señala que Penélope Cruz “es una de las grandes promesas como actriz a nivel internacional”, elogiando el “impresionante papel que hace en la película Volver, una de mis favoritas”. Por su parte, Natalia Slomiani, polaca de 21 años y estudiante de Derecho, opina que “Alejandro Amenábar es el director de cine numero uno de España, pues la maestría con la que intercala los distintos tipos de plano y escenas en la película Mar Adentro, solo puede ser obra de un maestro”.

Y es que solo hace falta tener una breve conversación cinéfila con algún joven polaco para constatar que el cine español tiene una gran acogida entre el público de este país. Claro que un dato que no se puede pasar por alto al hablar de los seguidores del cine hispano en este país, es que con la expansión de la accesibilidad a Internet la recaudación en las taquillas de los cines no indica con exactitud el número de aficionados al cine español. El número de descargas de películas en la Red parece estar superando al número de asistentes a las salas de cine.


Del mismo modo, el cine polaco se ha consagrado entre el público español gracias a directores como Krzysztof Kieslowski con su trilogía Azul, Blanco, Rojo, así como Roman Polanski a través de sus obras Oliver Twist o El pianista, las cuales, según Antonio Fernández, estudiante español de arquitectura de 24 años, “son dos filmes de reconocido éxito internacional y con mucha razón” a lo que añade que “son dos largometrajes que no me canso de ver, las he visto varias veces”. Así asegura que El Pianista “ganó el Oscar, el Globo de Oro y la Palma de oro en 2002 porque fue una de las mejores películas de los últimos tiempos”. El reconocimiento del que este director goza a nivel mundial avalan los premios que en 2002 le fueron entregados en Hollywood, España y Francia.




Lazos hispánico-polacos
La historia del cine ha pasado por etapas muy similares en España y Polonia. Los cineastas de ambas naciones sufrieron la presión de la censura a través de organismos creados con ese objetivo en el marco de regímenes no constituidos democráticamente, y que hicieron uso del séptimo arte como medio de propaganda ideológica. Con la llegada de la democracia, ambas camadas de directores se centraron en criticar a los respectivos gobiernos, y poco a poco fueron despegando hasta conquistar la meca del cine, Hollywood. Hoy, vemos que se celebran ciclos de cine polaco en ciudades españolas, como en la muestra de cine polaco celebrado en la Filmoteca de Extremadura el pasado mes de noviembre de 2008, y ciclos de cine español en Polonia, como la semana del cine hispánico celebrado en todo el país el pasado mes de marzo de 2009.



Quizás, pronto nos sorprendan con un largometraje dirigido y protagonizado por un equipo hispano-polaco, pues a fin de cuentas tienen una historia caracterizada por rasgos muy similares. Los artistas de ambos países han sufrido la censura, han rodado la crítica y han probado las mieles del reconocimiento internacional.

lunes 4 de mayo de 2009

50 horas

El día tres de enero de 1946 las fuerzas de ocupación soviéticas promulgaron un decreto mediante el que se produjo la nacionalización de la industria polaca. El nuevo Ministerio de Industria pasó a controlar además de las empresas estatales, las empresas del sector privado, así como las cooperativas y la artesanía. Poco antes se había llevado a cabo una reforma agraria a través de la que el régimen expropió todas aquellas tierras destinadas al cultivo que superaran las cien hectáreas. Con el campesinado descontento y una crisis de producción agraria in crescendo, el Gobierno Comunista impulsó el programa de industrialización del país, basado en la industria pesada y armamentística, acompañándolo de una intensa urbanización en torno a los nuevos centros de producción. Así, se produjo una emigración masiva de los campesinos que habían sido expropiados hacia las urbes. Entre 1950 y 1970 alrededor de seis millones de personas emigraron a los centros urbanos.

Hoy, si observamos las urbanizaciones emplazadas en el extrarradio de la mayoría de las ciudades polacas, vemos que estos edificios construidos para los excampesinos siguen en pie, y en su gran mayoría, están diseñados con el mismo patrón. Prácticamente idénticos. No me había preguntado el por qué de estas construcciones tan similares hasta que junto a ocho compañeros más, me encerré veintiuna horas en un autobús para desplazarme a la Europa Báltica. Tiempo más que suficiente para observar los detalles de la arquitectura residencial polaca.


Era un viaje del que veníamos hablando casi desde nuestra llegada a territorio polaco, visitar Estonia, Letonia, Lituania y Finlandia. Así que, a contrarreloj, porque las vacaciones de Semana Santa se nos echaban encima, tan solo compramos un billete de autobús con destino a la capital Letona y reservamos habitación para la primera noche. Bueno, a decir verdad para la segunda, pues tantas horas de autobús nos ahorraron el hostel de la primera jornada. Los demás días iríamos improvisando.




¡Ya solo quedan veintiuna!

Salimos de la estación de buses a las dos de la tarde y gracias a los tres compañeros de viaje que llegaron puntuales al andén y convencieron al conductor para que esperase al grupo que llegamos con unos minutos de retraso. Pasamos las primeras horas charlando y riendo, contándonos anécdotas de lo más variopintas, pues al fin y al cabo, somos personas que nos conocimos pocos meses atrás y todavía tenemos muchas batallitas que contarnos. Historietas interrumpidas por las continuas quejas de algunos pasajeros que nos recordaban con cara de pocos coleganskas lo escandalosos que somos. No sé como se comportaran los escolares polacos cuando van de excursión, pero dudo que les dejen cantar el ‘para ser conductor de primera, acelera, acelera’.


Llegamos a Riga a las once de la mañana con las mochilas vacías y los estómagos llenos. Encaminamos la marcha al hostel disfrutando del tiempo soleado y atónitos por la visión del majestuoso río Daugava, cuya agua era de color marrón fecal. Veremos a ver donde me he venido yo a pasar las vacaciones, pensé. Encontramos el hostel reservado en diez minutos. Conforme se desarrollaban los acontecimientos yo iba apretando más los dientes. Presentaba un aspecto tétrico, con una fachada que apenas se sostenía en pie. Pero, bastó acceder al inmueble para ver que por dentro, para lo que íbamos a pagar por el, estaba bien. No obstante, tras el gesto de que nos recibieran en el bar con una cervecita fresca mientras nos explicaban como movernos por la ciudad, hizo que mi valoración pasara de estar bien a estar muy bien. Digno de publicitarlo en la guía Michelín.


Calles de la ciudad y degustación de cerveza letona


Ya instalados, buscamos un punto de información turística para hacernos con unos mapas. Allí, encontré una pequeña guía en español y en la que, al igual que en las de la mayoría de ciudades de Centroeuropa, figuraban sus numerosas Iglesias que visitar. Resulta que en los países del centro y este del continente, la ciudadanía suele ser bastante religiosa. En comparación con el caso español, donde la religión ejerció una represión considerable contra los que no comulgaban con sus doctrinas, lo que supondría el declive de la práctica en masa años después, en los países comunistas fue el brazo administrativo del Estado el que reprimió las prácticas religiosas. La iglesia de Letonia está separada del Estado, aunque después del restablecimiento de independencia, la importancia de la religión en la vida social aumentó considerablemente. Las más importantes son las parroquias luteranas, católicas y ortodoxas.



Tras cambiar un puñado de Euros y Zlotys a Lats, moneda nacional, comimos algo y comenzamos a patear Riga, coqueta ciudad de corte medieval, patrimonio de la Unesco, cuyo casco histórico revela el importante papel que jugó el comercio el medievo. Uno de los edificios más impresionantes, La Casa de Cabezas Negras, está situado en la plaza del Ayuntamiento. Fue construido en 1330 para atender las necesidades de los mercaderes y lo destruyeron durante la IIGM. Así, nos quedamos boquiabiertos admirando los bonitos edificios del Pequeño y Gran Gremio, desde los que se reglamentaba el trabajo de los artesanos de Riga. Además, todavía quedan en pie las llamadas casas “Tres hermanos”, tres casitas construidas en el siglo XV representativas del estilo de construcción en la Edad Media.


Casa de Tres Hermanos y Monumento a la Libertad

Casa de las Cabezas Negras y mises


La intensa sesión de fotos continuó con la visita a la Catedral de Doms, la Católica de Santiago y las Luteranas de San Juan y San Pedro. En esta última subimos a la torre principal, de 123 metros y que data del siglo XIII, y que en su tiempo fue la más alta del mundo. También fue destruida durante la IIGM, y reconstruida en 1973, esta vez de material metálico.


Catedral de San Pedro y vistas desde la torre


La jornada turística se alargó hasta que guardamos las gafas de sol y caímos rendidos en la habitación que compartíamos con algunos americanos y españoles. Al día siguiente continuamos inmortalizándonos junto a lugares de la ciudad todavía desconocidos y aprovechamos el buen tiempo para hacer un picnic en el parque que hay frente al Monumento a la Libertad, llamando la atención de los viandantes por nuestras posturitas fotográficas. Ya por la noche, salimos a cenar para celebrar los cumpleaños de Manu y María, con el objetivo de alargar la velada para conocer la Riga nocturna, pero el calvo que sopla suerte solo trabaja en Navidad. Encontramos varios clubs tan espectaculares como vacíos. Aunque si le añadimos la palabra night al principio, había ambientazo. Según me contaron, en los últimos años la capital letona ha registrado un importante incremento del conocido como turismo sexual. Numerosos grupos de jóvenes se acercan a Riga para celebrar despedidas de soltero y fiestas del estilo. Pero en Internet, numerosas páginas informan de que se debe de llevar cuidado con estas actividades. En las calles del centro, donde existen varios clubs, hay relaciones públicas que invitan a los extranjeros a tomar una copa gratis en su local. Los que pican, una vez dentro y para poder salir, tienen que pagar precios desorbitados por lo consumido. Y, o tienes dinero, o los amables 4x4 que vigilan en la puerta del local te acompañan a un cajero haciendo gala de su amabilidad. Suena un poco fuerte, quizás incluso sean leyendas urbanas, pero, que los relaciones públicas te insisten para que entres a sus locales, es cierto.


Finalmente, y tras tomar unas cervezas y chupitos de una famosa bebida negra, optamos por continuar la velada en el bar del hostel, pues con el amanecer volveríamos a montar en nuestra casa con ruedas para desplazarnos a Tallin.


Cena de cumpleaños y degaustación de la llamada bebida negra


¡Quina caloreta!

El conductor echó el freno de mano sobre las diez de la mañana. El queso en lonchas que llevaba en mi mochila se había fundido y transformado en un grueso bloque. Pequeñas gotas de sudor resbalaron por mi espalda durante el trayecto, que se me hizo mas largo si cabe que el anterior, a pesar de la diferencia de diecisiete horas. Sobrevivir a cuatro horas de autobús con la calefacción al máximo y sin posibilidad de apagarla hizo que a lo incómodo que me resulta viajar en bus le añadiera ese purgatorio calor. Insoportable. Parecíamos pollos en un corral, a pesar de los intentos que hizo el conductor por apagarla. Fue una mezcla entre el reality “El bus” y “Supervivientes”, pero sin un ganador. Aunque todos recibimos premio: para nuestra sorpresa el hostel reservado para ese día era una habitación para 10 huéspedes con un baño provisto de sauna y jacuzzi en su interior. De repente, trasladados a “Hotel Glam”.


Contentos, tanto porque el hostel estaba situado en el corazón de esta ciudad medieval, además de por sus comodidades, visitamos tranquilamente esta ciudad, que es una de las más bonitas que he visto.



"Anas-rompecamas" y calles de la ciudad


Caída la noche, volvimos al hostel y tras cenar con decenas de desconocidos en la sala común, disfrutamos del placer de un baño con burbujas. Creo que esos reconfortables baños deberían de ser un derecho, no un privilegio. Claro que no es oro todo lo que reluce, sino que se lo pregunten a las Anas, que trataron de reconfortarse la una a la otra con un masaje facial y acabaron en el suelo.


Una de las cosas que más me gustaron de esta ciudad es que tan solo una calle separa la antigua de la nueva Tallin. Treinta metros que separan rascacielos de un casco antiguo encerrado por una muralla medieval.



Ciudad nueva VS ciudad vieja


Helsinki, ¡qué hermosa eres!

Desembarcamos en Helsinki a las ocho de la mañana, tras dos horas de travesía en un barco en el que no nos dio tiempo a aburrirnos, pues desayunamos, dormimos un rato e incluso amenizamos el trayecto ofreciendo a los tripulantes un espectacular concierto. Noté el cambio de temperatura nada más desembarcar. Me transporté a la Polonia de hace dos meses, con esa neblina blanca y gélida que dominaba el ambiente. En el agua del puerto flotaban numerosos casquetes de hielo.



De camino a Helsinki, amenizando el trayecto con nuestro concierto y agua del mar congelada en el puerto


Andamos hasta llegar al centro de la ciudad, que sobre las nueve de la mañana presentaba un aspecto fantasmal. Todas los establecimientos cerrados a cal y canto y casi ningún transeúnte. Las sospechas de que estaba todo cerrado por ser pascua se hacían realidad. Qué peculiar, en España, que a ojos de los extranjeros, somos un país con arraigadas tradiciones católicas, muchas discotecas abren durante esta festividad tres o cuatro días ininterrumpidamente, y en estos países que, la verdad, no sabía ni que religión era la dominante, estaba todo cerrado.


Tras andar un rato encontramos una cafetería que estaba abierta y decidimos entrar y hacer tiempo para ver si el sol hacía su aparición. Magdalenas de chocolate a seis euros, cafés a cuatro y minibocadillos a cinco. Vaya con Finlandia, encima que nos recibió con todo cerrado pretendía que nos dejásemos el sueldo. Así que pedimos algunos cafés e instantes después, alguien se animó a hacerse un sándwich de los que llevaba en la mochila y, sin apenas darnos cuenta, montamos una especie de chiringuito sobre las mesas de la cafetería. Patatas, galletas de chocolate, sándwiches y un sin fin de alimentos que, ni cortos ni perezosos, nos dispusimos a degustar bajo la atónita mirada de la camarera.



Picnic en el cafetería y Catedral Blanca

Acabado nuestro picnic nos dispusimos a visitar la ciudad. Pero poco hubo que ver. La llamada Catedral Blanca y un par de iglesias más. Supongo que si hubiéramos ido un día no festivo, hubiera habido algo más que visitar. Así que buscamos refugio en un Mc Donalds y volvimos a montar el picnic. Caída la tarde nos dirigimos al puerto para embarcar de nuevo rumbo a Tallin. Esperando, observé que el trasiego de individuos que llegaban a Helsinki cargadísimos de alcohol era constante. Cosa que no me extraña, porque viendo los precios de una cafetería, no me quiero ni imaginar lo que cuesta una botella de vodka. Recordé entonces que la noche anterior, alguien dijo que Finlandia era el país con la tasa de suicidio más alta del mundo. Y por muy frívolo que parezca, yo el dato lo dejo ahí. O sea que ya sabes, aconseja a tus seres más queridos que si quieren vivir una Semana Santa inolvidable, nada de visitar Sevilla.





Buscando diversión en Finlandia y fineses cargados de alcohol


Ya en el hostel de Tallin, nos tuvimos que cambiar de habitación y decir adiós al jacuzzi, puesto que como no teníamos reserva anticipada, solo quedaba una habitación de seis y otra con tres camas libres que, según los propietarios, era su habitación preferida. Echamos a suertes quien iría a dormir con los desconocidos, y como no, me tocó a mí. La habitación era una especie de bodega subterránea, llena de polvo y con una ventanita que daba al exterior, a la calle donde justamente había un pub. En la cocina, pregunté a una mexicana que dormía allí, si por las noches no se oía el escándalo de la calle, a lo que me contestó que por su puesto que se oía, pero que si antes de dormir me tomaba dos tragos, dormiría como un lirón.



Sala común del hostel

Tras pasar la noche en aquella especie de mazmorra, continuamos con nuestra visita a una ciudad llena de vida y color, con puestecitos de artículos medievales y cientos de personas paseando y llenando bares y cafeterías. Y varias decenas de ellos eran españoles. Creo que en todas las ciudades que he visitado este año, me he encontrado a tantísimos españoles que, si volviéramos al país todos a la vez, seguro que no cabríamos.



Vilnius, Lituania

Tras nueve horas más de autobús durante la noche, llegamos a Vilnius, ciudad elegida como Ciudad de la Cultura Europea 2009. Esperamos un rato en la estación de autobuses porque supusimos que a las seis de la mañana había poco que visitar. Intenté entrar al baño para asearme un poco y cambiarme de ropa, y quedó en eso, en un intento. En los países de la Europa Báltica tienes que pagar hasta por hacer pipi. Y claro, si te recorres cuatro países en siete días, y en cada uno de ellos hay una moneda distinta, el descargar tu vejiga se convierte en ocasiones en toda una odisea. Como en la estación de Vilnius, en la que supliqué a la Guardiana de los baños que me dejara entrar, que le pagaba en euros, en Zlotis, en Lats o en lo que quisiera, pero que hasta que no abriese un punto de cambio de moneda no podía pagarle en moneda nacional. Acceso denegado, por lo que opté por la fuerza, puesto que las puertas del baño estaban abiertas. Me echo a patadas. Literalmente. Opción tres: seducción. Me quité la ropa delante de ella y mientras me cambiaba le volví a pedir que me dejara entrar. Pero hasta que mas tarde cambié dinero no hice pis. Y menuda sorpresa me llevé al ver que los inodoros no existen en esta ciudad. Un agujero en el suelo, y ala, échale imaginación.



Una de las muchas esperas en las estaciones de trenes

Tras comprar los tickets para el siguiente trayecto, nos dirigimos al centro de la ciudad, la cual estaba llenísima de gente celebrando distintas ceremonias religiosas de Domingo de Resurrrección. Así, tuve la oportunidad de observar ritos católicos, protestantes y ortodoxos.



Ritos de pascua

Vuelve, a casa vuelve

Llegamos a Varsovia a las nueve de la noche, tras pasar otras cuantas horas en un tren. Y unos decidieron que se volvían a Wroclaw, bien por cansancio, bien porque ya habían visitado la ciudad o bien porque tenían obligaciones universitarias. Pero un grupo decidimos quedarnos unos días en nuestra capital, ciudad que, según la mayoría de polacos que conozco, es una ciudad muy fea y que no les gusta en absoluto. Pero, nada más salir de la estación de trenes, quedé perplejo con un impresionante edificio, el Palacio de la Ciencia y la Cultura, regalo que Stalin hizo al pueblo polaco. Con sus 237 metros de altura, se alza imponente y rodeado de otros rascacielos de estilo modernista, pero a una parte de la ciudadanía polaca no les gusta, pues les recuerda al comunismo impuesto después de la IIGM, y están debatiendo su derribo.




Esperando al tren que nos dejo frente al Palacio de la Ciencia y la Cultura

Así, nos dirigimos en primer lugar a buscar un sitio donde dormir. Y nuestras erróneas suposiciones de que como era Semana Santa, habrían plazas de sobra, hicieron que encontrásemos hostel al tercer intento. Por la mañana nos dirigimos en primer lugar Museo de la Insurrección de Varsovia, donde los visitantes pueden hacerse una idea de cómo era la vida en la ciudad durante la guerra. Dedicado a todos aquellos que lucharon clandestinamente para vencer al ejército de ocupación nazi, durante todo el recorrido, los visitantes oyen continuamente sonidos de bombardeos y sirenas. Me llamó la atención una pantalla de tv que advierte a los visitantes que las imágenes que se muestran pueden herir su sensibilidad, ya que trata de “La guerra y los niños”. Me acerqué a verlo y tuve la misma sensación que durante mi visita a Auschwitz. Es documentación histórica, pero ¿en qué punto se rebasa la línea del amarillismo? Aun así, el museo está organizado fantásticamente y es uno de los más interesantes que he visitado en este país.



Anocheciendo en Varsovia

Destacaría además que en el corazón de la ciudad, además de rascacielos y centros comerciales, existen multitud de parques que aportan el toque verde y dan tregua a nuestras retinas, cansadas de tanto hormigón y carteles publicitarios. Así, también visitamos un impresionante mercadillo, situado a la orilla del río Vistula, siendo uno de los más grandes de Europa. Cuando recorres sus interminables callejones, abarrotados de pequeños cubículos de hojalata, pareces estar en India o en China.



Parques y mercadillo

Así, también visitamos el llamado Barrio de Praga, donde la atmosfera que te envuelve te transporta cincuenta años atrás. Como si de repente te vieras dentro de la película "El pianista" Impresiona y mucho.


Con el objetivo de divisar una panorámica aérea de la ciudad, nos dirigimos a la planta 40 del hotel Marriot, donde hay una cafetería. Pero el acceso era exclusivo para los huéspedes, pues necesitas insertar la tarjeta del hotel para que el ascensor funcione. Claro que si le echas un poco de imaginación y esperas a que aparezca un huesped con tu dedo pulsando el piso 40, puedes subir. Así, visitamos los principales edificios y parques una ciudad que tras la IIGM quedó destrozada en un 90%. La plaza central, Rynek, y sus calles aledañas, fueron reconstruidas más tarde a imagen y semejanza de las originales. Quizás, la razón de que a muchos polacos no les guste Varsovia sea que hasta 1919,la capital de este país fue Cracovia, porque como ciudad a mi me gustó mucho más que otras capitales europeas.




Vistas del barrio de Praga




Centro de la ciudad y asalto al hotel Marriot

Diez días más tarde de empezar este viaje, y tras más de cincuenta horas en medios de transporte, volví a divisar los edificios idénticos del extrarradio polaco durante mi trayecto de vuelta a Wroclaw, sudando de nuevo en un vagón de tren en el que la calefacción estaba estropeada ,y con una idea totalmente distinta de cómo me imaginaba la Europa Báltica. Tan distinta o más como la imagen con la que abandoné Wroclaw y la que me encontré a mi llegada. Verde, sol y barbacoas.