viernes 5 de junio de 2009

Censura, crítica y reconocimiento

Tanto la doctrina que propugnó una organización social en que los bienes eran de propiedad común, como el movimiento político y social de tendencia totalitaria durante la dictadura del general Franco, utilizaron un denominador común para ejercer un control ideológico entre sus ciudadanos. El cine. Ambos sistemas aprovecharon la popularidad del séptimo arte como medio propagandístico de sus doctrinas a través de la gran pantalla. Tras la abolición de ambos regímenes, y como resultado de la censura ejercida, las tendencias de las producciones cinematográficas polacas y españolas tomarían rumbos no tan distintos.


El 13 de noviembre de 1945 el Gobierno socialista polaco fundó por decreto la organización Film Polski, encargada de organizar las actividades fílmicas de producción, distribución, exportación e importación de películas y equipos, así como de la formación de artistas y técnicos. Tras la ocupación nazi, y como consecuencia de la actividad bélica, quedaron destruidos todos los estudios y laboratorios cinematográficos de Polonia. Así, la esfera política se encargo de retomar la actividad cinematográfica y engrasó la maquinaria productora de cine con el objetivo de hacer propaganda del régimen socialista. Se vetaron las películas americanas y todo intento de filmar largometrajes de temática contraria a la ideología comunista. Tan solo se financió a aquellos filmes a los que un grupo de censores dio el visto bueno.



Y dado que la economía comunista no permitía el empleo de capitales privados, todas las actividades de realización quedaron en manos del Gobierno. Una de las producciones más representativas de esta época fue La última etapa, de Wanda Jacuboska, que trata de la historia de la IIGM desde el punto de vista comunista y de la vida en los campos de concentración. Fue la primera gran aparición del cine polaco en el escenario internacional y recibió elogiosas críticas por ello. Así, hasta 1951 se produjeron 14 largometrajes, 685 documentales y 170 filmes educativos, además de algunas series de dibujos animados, según los datos de la propia Film Polski, que ostentaba el bastón de mando del monopolio del cine.

Con la muerte de Stalin, en 1955, Polonia tuvo un Gobierno de tinte más liberal de la mano de Władysław Gomułka. Aprovechando que el puño represor se había abierto en cierta medida, los cineastas propusieron la descentralización de la Film Polski, y consiguieron crear grupos fílmicos con cierta autonomía en la elección de temas y el presupuesto económico. Nacería así la escuela polaca de cine, que se apartó en cierto modo de los temas del realismo socialista y se centró en producciones basadas en los rasgos históricos y humanos del país. Son bastante conocidas las películas Kanal, Cenizas y Diamantes, del director Wajda, y Madre Juana de los Ángeles, de Kawaterowicz. Los cineastas gozaban de cierta libertad y plasmaron metáforas y simbología de transfondo en sus largometrajes, burlando de alguna manera a los organismos censores y dirigiendo guiños cómplices al público. A cuentagotas, se irían derribando las barreras al cine extranjero, y durante la agonía del Gobierno Comunista, la permisividad temática fue creciendo. En 1974 se celebró el primer festival de cine en polaco en la ciudad de Gdansk.

Durante los últimos diez años de la era Comunista en Polonia, se permitió la reproducción de cine americano, apertura que la ciudadanía abrazó con entusiasmo. En 1989, recién caído el régimen, se aprobó una nueva ley de cinematografía, cuya principal novedad fue la apertura al capital privado para la financiación de cine, además de la eliminación de barreras contextuales.



Ni rojos, ni besos
El desenlace de la Guerra Civil española en 1936 con la victoria del Bando Nacional, provocó que numerosos artistas huyeran del país. El nuevo régimen estableció la censura, capitaneada por la Iglesia y el ejército, y se impuso un tipo de cine que apoyase la dictadura, al igual que sucedió en Polonia en los inicios del régimen Comunista. Se creó así el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas en 1947, que al igual que el Film Polski, formalizó y profesionalizó los diferentes oficios del cine, y se obligó a traducir todas las películas extranjeras al idioma castellano. Además, estos largometrajes de producción no nacional, se modificaban para que fuesen aptos para los españoles, eliminando por ejemplo las escenas donde una pareja se besara. De igual forma, se comenzó a realizar el popular NO-DO, breve cortometraje que se emitía en las salas de cine antes de la reproducción de las películas y cuyo principal objetivo era el adoctrinamiento de la ciudadanía.


Establecida la censura, se recurrió en un principio a filmar temas que idealizaban el triunfo franquista en la guerra. Cabe destacar la película emitida en 1940 Raza, escrita por el mismo Franco, y con elementos autobiográficos del dictador. Después, se centraron en temas que exaltaban el nacionalismo español y los episodios heroicos de la patria, como se plasma en los filmes Agustina de Aragón, o Los últimos de Filipinas. De la misma manera, otro tema al que recurrieron con asiduidad fue el cine clerical, dado que la Iglesia era la mano derecha del dictador, siendo la película Misión blanca, protagonizada por Fernando Fernán Gómez, la más representativa. Así, el tema folclórico, con el telón de fondo de Andalucía, los toros, o las sevillanas, fue otro tema muy explotado en el momento.

En la década de los cincuenta, el fin relativo del aislamiento político de España se vio plasmado reflejado en algunos largometrajes. La película estrenada en 1952 ¡Bienvenido, Mister Marschall , del director Berlanga, o el éxito en 1958 de Las chicas de la Cruz Roja, de Rafael J. Savia, son dos ejemplos que ilustran dicha apertura.


En la década de los sesenta, el cine de temática folclórica cobró fuerza de la mano de una generación de artistas como Lola Flores, Juanita reina, Carmen Sevilla, Paquita Rico, Antonio Molina o Luis Mariano.

Entre 1962 y 1975 se produjo una cierta abertura de España al mundo exterior y comenzó una liberación de temas, y sobre todo de un ejercicio menos represor de la censura. Se empieza entonces a plasmar en películas la realidad española, periodo que se conoce como Nuevo Cine Español.


Critiquemos, ahora que podemos
Abolidos ambos regímenes, tanto los cineastas españoles como los polacos, comenzaron a plasmar en sus largometrajes la cruda y triste realidad de todo aquello que hasta entonces les estaba prohibido.

En España se aprobaron diversos decretos y leyes que garantizaban la independencia del cine en la elección de temas y recursos de financiación, al igual que en Polonia, que en 1989 se aprobó la Nueva Ley Cinematográfica que abrió paso al capital privado en financiación.

De esta manera, los largometrajes comenzaron a reflejar lo que hasta entonces estaba vetado. En el caso español aparecieron películas de corte documental que narraban la vida de aquellos que perdieron la guerra, o dan una visión real y objetiva de la España franquista. Tuvo un éxito importante Las largas vacaciones del 36, o Las bicicletas son para el verano. En el caso del país que fue comunista, se empezó a reflejar en pantalla la desesperante realidad social. Un buen ejemplo de este tipo de cine es la película Los perros, Wladyslaw Pasikowski, referida a los policías del régimen, y que ganó cinco premios en el festival de cine de Gdansk. Además, también se multiplicaron los filmes de acción, al estilo de las películas americanas, ansiadas por la población polaca, y que tanto furor comenzaron a crear entre el público.

De la misma manera, en España, también surgió una corriente de películas con un fondo de libertad sexual. Los directores Jaime de Armiña y Eloy de la Iglesia realizaron la mayoría y más significativas películas del genero. Mi querida señorita, El amor del capitán Brando, o Los placeres ocultos son buenos ejemplos de esta nuevo tipo de cine.


Pero si de un director no nos podemos olvidar es Pedro Almodóvar, que se estrenaría ante el gran publico con una película diferente Pepi, Luci, Boom y otras chicas del montón en 1980, un año después de que se desmoronara el régimen.



Del cine nacional a la conquista de Hollywood
¿Qué he hecho yo para merecer esto? Se trata del título de la película con la que Pedro Almodóvar alcanzaría el éxito en 1984. Sería con Mujeres al borde de un ataque de nervios cuando se consagró como director español y consiguió la aceptación del público y de la crítica, siendo esta última la película que durante una década fue la más taquillera del cine español. A su vez, Alex de la Iglesia con el largometraje Acción Mutante destacó como el pionero de una nueva generación de directores en 1993.

Por su parte, el cine polaco también comenzó su despegue, aunque algunos años después, dado que la llegada de la democracia fue más tardía que en España. El auge del cine en Polonia llegaría con la película La deuda, del director Krzysztof Krauze, que junto con Tadeo fueron los mayores acontecimientos cinematográficos en Polonia a comienzos del año 2000. La primera de estas, se presentó como la gran puesta de largo del cine polaco ante el público internacional. Pero lo cierto es que fue rechazada en todos los festivales a los que fue enviada.

Pero a pesar del despegue de ambas corrientes cinematográficas en Polonia y España, se sabe que hasta que los filmes no llegan a la cima de Hollywood y son nominados a la estatuilla dorada, el reconocimiento internacional es ínfimo. La primera película española que ganó un Óscar a la mejor película extranjera fue Volver a empezar de José L. Garci en 1982, a la que han seguido Belle Epoque de Fernando Trueba en 1993 , Todo sobre mi madre de Pedro Almodóvar en 1999 y Mar adentro de Alejandro Amenábar en 2005. Y el primer español que consiguió un Óscar al mejor guión original de una película española fue Pedro Almodóvar por Hable con ella en 2003. Así el primer español candidato a un Óscar como mejor actor secundario sería Javier Bardem por No country for old men, que lo convirtió también en el primer español en conseguirlo. Y la primera española ganadora de un Óscar fue Penélope Cruz, con el galardón a la mejor actriz secundaria por el filme Vicky Cristina Barcelona.



Con estos hechos relativos al panorama del cine español en la escena internacional, no es de extrañar que a día de hoy Penélope Cruz y Pedro Almodóvar sean dos de los españoles cineastas más reconocidos en Polonia. Kamil Lis, polaco de veintitrés años y estudiante de Logística, señala que “Pedro Almodóvar es uno de mis directores de cine favoritos porque en sus películas se tratan temas que otros directores de cine no se han atrevido a plasmar”. Además, señala que Penélope Cruz “es una de las grandes promesas como actriz a nivel internacional”, elogiando el “impresionante papel que hace en la película Volver, una de mis favoritas”. Por su parte, Natalia Slomiani, polaca de 21 años y estudiante de Derecho, opina que “Alejandro Amenábar es el director de cine numero uno de España, pues la maestría con la que intercala los distintos tipos de plano y escenas en la película Mar Adentro, solo puede ser obra de un maestro”.

Y es que solo hace falta tener una breve conversación cinéfila con algún joven polaco para constatar que el cine español tiene una gran acogida entre el público de este país. Claro que un dato que no se puede pasar por alto al hablar de los seguidores del cine hispano en este país, es que con la expansión de la accesibilidad a Internet la recaudación en las taquillas de los cines no indica con exactitud el número de aficionados al cine español. El número de descargas de películas en la Red parece estar superando al número de asistentes a las salas de cine.


Del mismo modo, el cine polaco se ha consagrado entre el público español gracias a directores como Krzysztof Kieslowski con su trilogía Azul, Blanco, Rojo, así como Roman Polanski a través de sus obras Oliver Twist o El pianista, las cuales, según Antonio Fernández, estudiante español de arquitectura de 24 años, “son dos filmes de reconocido éxito internacional y con mucha razón” a lo que añade que “son dos largometrajes que no me canso de ver, las he visto varias veces”. Así asegura que El Pianista “ganó el Oscar, el Globo de Oro y la Palma de oro en 2002 porque fue una de las mejores películas de los últimos tiempos”. El reconocimiento del que este director goza a nivel mundial avalan los premios que en 2002 le fueron entregados en Hollywood, España y Francia.




Lazos hispánico-polacos
La historia del cine ha pasado por etapas muy similares en España y Polonia. Los cineastas de ambas naciones sufrieron la presión de la censura a través de organismos creados con ese objetivo en el marco de regímenes no constituidos democráticamente, y que hicieron uso del séptimo arte como medio de propaganda ideológica. Con la llegada de la democracia, ambas camadas de directores se centraron en criticar a los respectivos gobiernos, y poco a poco fueron despegando hasta conquistar la meca del cine, Hollywood. Hoy, vemos que se celebran ciclos de cine polaco en ciudades españolas, como en la muestra de cine polaco celebrado en la Filmoteca de Extremadura el pasado mes de noviembre de 2008, y ciclos de cine español en Polonia, como la semana del cine hispánico celebrado en todo el país el pasado mes de marzo de 2009.



Quizás, pronto nos sorprendan con un largometraje dirigido y protagonizado por un equipo hispano-polaco, pues a fin de cuentas tienen una historia caracterizada por rasgos muy similares. Los artistas de ambos países han sufrido la censura, han rodado la crítica y han probado las mieles del reconocimiento internacional.

lunes 4 de mayo de 2009

50 horas

El día tres de enero de 1946 las fuerzas de ocupación soviéticas promulgaron un decreto mediante el que se produjo la nacionalización de la industria polaca. El nuevo Ministerio de Industria pasó a controlar además de las empresas estatales, las empresas del sector privado, así como las cooperativas y la artesanía. Poco antes se había llevado a cabo una reforma agraria a través de la que el régimen expropió todas aquellas tierras destinadas al cultivo que superaran las cien hectáreas. Con el campesinado descontento y una crisis de producción agraria in crescendo, el Gobierno Comunista impulsó el programa de industrialización del país, basado en la industria pesada y armamentística, acompañándolo de una intensa urbanización en torno a los nuevos centros de producción. Así, se produjo una emigración masiva de los campesinos que habían sido expropiados hacia las urbes. Entre 1950 y 1970 alrededor de seis millones de personas emigraron a los centros urbanos.

Hoy, si observamos las urbanizaciones emplazadas en el extrarradio de la mayoría de las ciudades polacas, vemos que estos edificios construidos para los excampesinos siguen en pie, y en su gran mayoría, están diseñados con el mismo patrón. Prácticamente idénticos. No me había preguntado el por qué de estas construcciones tan similares hasta que junto a ocho compañeros más, me encerré veintiuna horas en un autobús para desplazarme a la Europa Báltica. Tiempo más que suficiente para observar los detalles de la arquitectura residencial polaca.


Era un viaje del que veníamos hablando casi desde nuestra llegada a territorio polaco, visitar Estonia, Letonia, Lituania y Finlandia. Así que, a contrarreloj, porque las vacaciones de Semana Santa se nos echaban encima, tan solo compramos un billete de autobús con destino a la capital Letona y reservamos habitación para la primera noche. Bueno, a decir verdad para la segunda, pues tantas horas de autobús nos ahorraron el hostel de la primera jornada. Los demás días iríamos improvisando.




¡Ya solo quedan veintiuna!

Salimos de la estación de buses a las dos de la tarde y gracias a los tres compañeros de viaje que llegaron puntuales al andén y convencieron al conductor para que esperase al grupo que llegamos con unos minutos de retraso. Pasamos las primeras horas charlando y riendo, contándonos anécdotas de lo más variopintas, pues al fin y al cabo, somos personas que nos conocimos pocos meses atrás y todavía tenemos muchas batallitas que contarnos. Historietas interrumpidas por las continuas quejas de algunos pasajeros que nos recordaban con cara de pocos coleganskas lo escandalosos que somos. No sé como se comportaran los escolares polacos cuando van de excursión, pero dudo que les dejen cantar el ‘para ser conductor de primera, acelera, acelera’.


Llegamos a Riga a las once de la mañana con las mochilas vacías y los estómagos llenos. Encaminamos la marcha al hostel disfrutando del tiempo soleado y atónitos por la visión del majestuoso río Daugava, cuya agua era de color marrón fecal. Veremos a ver donde me he venido yo a pasar las vacaciones, pensé. Encontramos el hostel reservado en diez minutos. Conforme se desarrollaban los acontecimientos yo iba apretando más los dientes. Presentaba un aspecto tétrico, con una fachada que apenas se sostenía en pie. Pero, bastó acceder al inmueble para ver que por dentro, para lo que íbamos a pagar por el, estaba bien. No obstante, tras el gesto de que nos recibieran en el bar con una cervecita fresca mientras nos explicaban como movernos por la ciudad, hizo que mi valoración pasara de estar bien a estar muy bien. Digno de publicitarlo en la guía Michelín.


Calles de la ciudad y degustación de cerveza letona


Ya instalados, buscamos un punto de información turística para hacernos con unos mapas. Allí, encontré una pequeña guía en español y en la que, al igual que en las de la mayoría de ciudades de Centroeuropa, figuraban sus numerosas Iglesias que visitar. Resulta que en los países del centro y este del continente, la ciudadanía suele ser bastante religiosa. En comparación con el caso español, donde la religión ejerció una represión considerable contra los que no comulgaban con sus doctrinas, lo que supondría el declive de la práctica en masa años después, en los países comunistas fue el brazo administrativo del Estado el que reprimió las prácticas religiosas. La iglesia de Letonia está separada del Estado, aunque después del restablecimiento de independencia, la importancia de la religión en la vida social aumentó considerablemente. Las más importantes son las parroquias luteranas, católicas y ortodoxas.



Tras cambiar un puñado de Euros y Zlotys a Lats, moneda nacional, comimos algo y comenzamos a patear Riga, coqueta ciudad de corte medieval, patrimonio de la Unesco, cuyo casco histórico revela el importante papel que jugó el comercio el medievo. Uno de los edificios más impresionantes, La Casa de Cabezas Negras, está situado en la plaza del Ayuntamiento. Fue construido en 1330 para atender las necesidades de los mercaderes y lo destruyeron durante la IIGM. Así, nos quedamos boquiabiertos admirando los bonitos edificios del Pequeño y Gran Gremio, desde los que se reglamentaba el trabajo de los artesanos de Riga. Además, todavía quedan en pie las llamadas casas “Tres hermanos”, tres casitas construidas en el siglo XV representativas del estilo de construcción en la Edad Media.


Casa de Tres Hermanos y Monumento a la Libertad

Casa de las Cabezas Negras y mises


La intensa sesión de fotos continuó con la visita a la Catedral de Doms, la Católica de Santiago y las Luteranas de San Juan y San Pedro. En esta última subimos a la torre principal, de 123 metros y que data del siglo XIII, y que en su tiempo fue la más alta del mundo. También fue destruida durante la IIGM, y reconstruida en 1973, esta vez de material metálico.


Catedral de San Pedro y vistas desde la torre


La jornada turística se alargó hasta que guardamos las gafas de sol y caímos rendidos en la habitación que compartíamos con algunos americanos y españoles. Al día siguiente continuamos inmortalizándonos junto a lugares de la ciudad todavía desconocidos y aprovechamos el buen tiempo para hacer un picnic en el parque que hay frente al Monumento a la Libertad, llamando la atención de los viandantes por nuestras posturitas fotográficas. Ya por la noche, salimos a cenar para celebrar los cumpleaños de Manu y María, con el objetivo de alargar la velada para conocer la Riga nocturna, pero el calvo que sopla suerte solo trabaja en Navidad. Encontramos varios clubs tan espectaculares como vacíos. Aunque si le añadimos la palabra night al principio, había ambientazo. Según me contaron, en los últimos años la capital letona ha registrado un importante incremento del conocido como turismo sexual. Numerosos grupos de jóvenes se acercan a Riga para celebrar despedidas de soltero y fiestas del estilo. Pero en Internet, numerosas páginas informan de que se debe de llevar cuidado con estas actividades. En las calles del centro, donde existen varios clubs, hay relaciones públicas que invitan a los extranjeros a tomar una copa gratis en su local. Los que pican, una vez dentro y para poder salir, tienen que pagar precios desorbitados por lo consumido. Y, o tienes dinero, o los amables 4x4 que vigilan en la puerta del local te acompañan a un cajero haciendo gala de su amabilidad. Suena un poco fuerte, quizás incluso sean leyendas urbanas, pero, que los relaciones públicas te insisten para que entres a sus locales, es cierto.


Finalmente, y tras tomar unas cervezas y chupitos de una famosa bebida negra, optamos por continuar la velada en el bar del hostel, pues con el amanecer volveríamos a montar en nuestra casa con ruedas para desplazarnos a Tallin.


Cena de cumpleaños y degaustación de la llamada bebida negra


¡Quina caloreta!

El conductor echó el freno de mano sobre las diez de la mañana. El queso en lonchas que llevaba en mi mochila se había fundido y transformado en un grueso bloque. Pequeñas gotas de sudor resbalaron por mi espalda durante el trayecto, que se me hizo mas largo si cabe que el anterior, a pesar de la diferencia de diecisiete horas. Sobrevivir a cuatro horas de autobús con la calefacción al máximo y sin posibilidad de apagarla hizo que a lo incómodo que me resulta viajar en bus le añadiera ese purgatorio calor. Insoportable. Parecíamos pollos en un corral, a pesar de los intentos que hizo el conductor por apagarla. Fue una mezcla entre el reality “El bus” y “Supervivientes”, pero sin un ganador. Aunque todos recibimos premio: para nuestra sorpresa el hostel reservado para ese día era una habitación para 10 huéspedes con un baño provisto de sauna y jacuzzi en su interior. De repente, trasladados a “Hotel Glam”.


Contentos, tanto porque el hostel estaba situado en el corazón de esta ciudad medieval, además de por sus comodidades, visitamos tranquilamente esta ciudad, que es una de las más bonitas que he visto.



"Anas-rompecamas" y calles de la ciudad


Caída la noche, volvimos al hostel y tras cenar con decenas de desconocidos en la sala común, disfrutamos del placer de un baño con burbujas. Creo que esos reconfortables baños deberían de ser un derecho, no un privilegio. Claro que no es oro todo lo que reluce, sino que se lo pregunten a las Anas, que trataron de reconfortarse la una a la otra con un masaje facial y acabaron en el suelo.


Una de las cosas que más me gustaron de esta ciudad es que tan solo una calle separa la antigua de la nueva Tallin. Treinta metros que separan rascacielos de un casco antiguo encerrado por una muralla medieval.



Ciudad nueva VS ciudad vieja


Helsinki, ¡qué hermosa eres!

Desembarcamos en Helsinki a las ocho de la mañana, tras dos horas de travesía en un barco en el que no nos dio tiempo a aburrirnos, pues desayunamos, dormimos un rato e incluso amenizamos el trayecto ofreciendo a los tripulantes un espectacular concierto. Noté el cambio de temperatura nada más desembarcar. Me transporté a la Polonia de hace dos meses, con esa neblina blanca y gélida que dominaba el ambiente. En el agua del puerto flotaban numerosos casquetes de hielo.



De camino a Helsinki, amenizando el trayecto con nuestro concierto y agua del mar congelada en el puerto


Andamos hasta llegar al centro de la ciudad, que sobre las nueve de la mañana presentaba un aspecto fantasmal. Todas los establecimientos cerrados a cal y canto y casi ningún transeúnte. Las sospechas de que estaba todo cerrado por ser pascua se hacían realidad. Qué peculiar, en España, que a ojos de los extranjeros, somos un país con arraigadas tradiciones católicas, muchas discotecas abren durante esta festividad tres o cuatro días ininterrumpidamente, y en estos países que, la verdad, no sabía ni que religión era la dominante, estaba todo cerrado.


Tras andar un rato encontramos una cafetería que estaba abierta y decidimos entrar y hacer tiempo para ver si el sol hacía su aparición. Magdalenas de chocolate a seis euros, cafés a cuatro y minibocadillos a cinco. Vaya con Finlandia, encima que nos recibió con todo cerrado pretendía que nos dejásemos el sueldo. Así que pedimos algunos cafés e instantes después, alguien se animó a hacerse un sándwich de los que llevaba en la mochila y, sin apenas darnos cuenta, montamos una especie de chiringuito sobre las mesas de la cafetería. Patatas, galletas de chocolate, sándwiches y un sin fin de alimentos que, ni cortos ni perezosos, nos dispusimos a degustar bajo la atónita mirada de la camarera.



Picnic en el cafetería y Catedral Blanca

Acabado nuestro picnic nos dispusimos a visitar la ciudad. Pero poco hubo que ver. La llamada Catedral Blanca y un par de iglesias más. Supongo que si hubiéramos ido un día no festivo, hubiera habido algo más que visitar. Así que buscamos refugio en un Mc Donalds y volvimos a montar el picnic. Caída la tarde nos dirigimos al puerto para embarcar de nuevo rumbo a Tallin. Esperando, observé que el trasiego de individuos que llegaban a Helsinki cargadísimos de alcohol era constante. Cosa que no me extraña, porque viendo los precios de una cafetería, no me quiero ni imaginar lo que cuesta una botella de vodka. Recordé entonces que la noche anterior, alguien dijo que Finlandia era el país con la tasa de suicidio más alta del mundo. Y por muy frívolo que parezca, yo el dato lo dejo ahí. O sea que ya sabes, aconseja a tus seres más queridos que si quieren vivir una Semana Santa inolvidable, nada de visitar Sevilla.





Buscando diversión en Finlandia y fineses cargados de alcohol


Ya en el hostel de Tallin, nos tuvimos que cambiar de habitación y decir adiós al jacuzzi, puesto que como no teníamos reserva anticipada, solo quedaba una habitación de seis y otra con tres camas libres que, según los propietarios, era su habitación preferida. Echamos a suertes quien iría a dormir con los desconocidos, y como no, me tocó a mí. La habitación era una especie de bodega subterránea, llena de polvo y con una ventanita que daba al exterior, a la calle donde justamente había un pub. En la cocina, pregunté a una mexicana que dormía allí, si por las noches no se oía el escándalo de la calle, a lo que me contestó que por su puesto que se oía, pero que si antes de dormir me tomaba dos tragos, dormiría como un lirón.



Sala común del hostel

Tras pasar la noche en aquella especie de mazmorra, continuamos con nuestra visita a una ciudad llena de vida y color, con puestecitos de artículos medievales y cientos de personas paseando y llenando bares y cafeterías. Y varias decenas de ellos eran españoles. Creo que en todas las ciudades que he visitado este año, me he encontrado a tantísimos españoles que, si volviéramos al país todos a la vez, seguro que no cabríamos.



Vilnius, Lituania

Tras nueve horas más de autobús durante la noche, llegamos a Vilnius, ciudad elegida como Ciudad de la Cultura Europea 2009. Esperamos un rato en la estación de autobuses porque supusimos que a las seis de la mañana había poco que visitar. Intenté entrar al baño para asearme un poco y cambiarme de ropa, y quedó en eso, en un intento. En los países de la Europa Báltica tienes que pagar hasta por hacer pipi. Y claro, si te recorres cuatro países en siete días, y en cada uno de ellos hay una moneda distinta, el descargar tu vejiga se convierte en ocasiones en toda una odisea. Como en la estación de Vilnius, en la que supliqué a la Guardiana de los baños que me dejara entrar, que le pagaba en euros, en Zlotis, en Lats o en lo que quisiera, pero que hasta que no abriese un punto de cambio de moneda no podía pagarle en moneda nacional. Acceso denegado, por lo que opté por la fuerza, puesto que las puertas del baño estaban abiertas. Me echo a patadas. Literalmente. Opción tres: seducción. Me quité la ropa delante de ella y mientras me cambiaba le volví a pedir que me dejara entrar. Pero hasta que mas tarde cambié dinero no hice pis. Y menuda sorpresa me llevé al ver que los inodoros no existen en esta ciudad. Un agujero en el suelo, y ala, échale imaginación.



Una de las muchas esperas en las estaciones de trenes

Tras comprar los tickets para el siguiente trayecto, nos dirigimos al centro de la ciudad, la cual estaba llenísima de gente celebrando distintas ceremonias religiosas de Domingo de Resurrrección. Así, tuve la oportunidad de observar ritos católicos, protestantes y ortodoxos.



Ritos de pascua

Vuelve, a casa vuelve

Llegamos a Varsovia a las nueve de la noche, tras pasar otras cuantas horas en un tren. Y unos decidieron que se volvían a Wroclaw, bien por cansancio, bien porque ya habían visitado la ciudad o bien porque tenían obligaciones universitarias. Pero un grupo decidimos quedarnos unos días en nuestra capital, ciudad que, según la mayoría de polacos que conozco, es una ciudad muy fea y que no les gusta en absoluto. Pero, nada más salir de la estación de trenes, quedé perplejo con un impresionante edificio, el Palacio de la Ciencia y la Cultura, regalo que Stalin hizo al pueblo polaco. Con sus 237 metros de altura, se alza imponente y rodeado de otros rascacielos de estilo modernista, pero a una parte de la ciudadanía polaca no les gusta, pues les recuerda al comunismo impuesto después de la IIGM, y están debatiendo su derribo.




Esperando al tren que nos dejo frente al Palacio de la Ciencia y la Cultura

Así, nos dirigimos en primer lugar a buscar un sitio donde dormir. Y nuestras erróneas suposiciones de que como era Semana Santa, habrían plazas de sobra, hicieron que encontrásemos hostel al tercer intento. Por la mañana nos dirigimos en primer lugar Museo de la Insurrección de Varsovia, donde los visitantes pueden hacerse una idea de cómo era la vida en la ciudad durante la guerra. Dedicado a todos aquellos que lucharon clandestinamente para vencer al ejército de ocupación nazi, durante todo el recorrido, los visitantes oyen continuamente sonidos de bombardeos y sirenas. Me llamó la atención una pantalla de tv que advierte a los visitantes que las imágenes que se muestran pueden herir su sensibilidad, ya que trata de “La guerra y los niños”. Me acerqué a verlo y tuve la misma sensación que durante mi visita a Auschwitz. Es documentación histórica, pero ¿en qué punto se rebasa la línea del amarillismo? Aun así, el museo está organizado fantásticamente y es uno de los más interesantes que he visitado en este país.



Anocheciendo en Varsovia

Destacaría además que en el corazón de la ciudad, además de rascacielos y centros comerciales, existen multitud de parques que aportan el toque verde y dan tregua a nuestras retinas, cansadas de tanto hormigón y carteles publicitarios. Así, también visitamos un impresionante mercadillo, situado a la orilla del río Vistula, siendo uno de los más grandes de Europa. Cuando recorres sus interminables callejones, abarrotados de pequeños cubículos de hojalata, pareces estar en India o en China.



Parques y mercadillo

Así, también visitamos el llamado Barrio de Praga, donde la atmosfera que te envuelve te transporta cincuenta años atrás. Como si de repente te vieras dentro de la película "El pianista" Impresiona y mucho.


Con el objetivo de divisar una panorámica aérea de la ciudad, nos dirigimos a la planta 40 del hotel Marriot, donde hay una cafetería. Pero el acceso era exclusivo para los huéspedes, pues necesitas insertar la tarjeta del hotel para que el ascensor funcione. Claro que si le echas un poco de imaginación y esperas a que aparezca un huesped con tu dedo pulsando el piso 40, puedes subir. Así, visitamos los principales edificios y parques una ciudad que tras la IIGM quedó destrozada en un 90%. La plaza central, Rynek, y sus calles aledañas, fueron reconstruidas más tarde a imagen y semejanza de las originales. Quizás, la razón de que a muchos polacos no les guste Varsovia sea que hasta 1919,la capital de este país fue Cracovia, porque como ciudad a mi me gustó mucho más que otras capitales europeas.




Vistas del barrio de Praga




Centro de la ciudad y asalto al hotel Marriot

Diez días más tarde de empezar este viaje, y tras más de cincuenta horas en medios de transporte, volví a divisar los edificios idénticos del extrarradio polaco durante mi trayecto de vuelta a Wroclaw, sudando de nuevo en un vagón de tren en el que la calefacción estaba estropeada ,y con una idea totalmente distinta de cómo me imaginaba la Europa Báltica. Tan distinta o más como la imagen con la que abandoné Wroclaw y la que me encontré a mi llegada. Verde, sol y barbacoas.


jueves 2 de abril de 2009

La mili del siglo XXI

La nueva oleada de estudiantes Erasmus ha irrumpido con fuerza. Algo más de cien jóvenes que vienen a sustituir las plazas de aquellos que solo pudieron disfrutar de su estancia durante un semestre, opción que en mi opinión no debería de ofertarse. En los corrillos de estudiantes he oído comentar en no pocas ocasiones, que las becas Erasmus son la 'mili del siglo XXI.' De primeras resulta graciosa esta afirmación, pero creo que es una expresión tan simpática como cierta. Años atrás, cuando realizar el servicio militar era obligatorio, y por supuesto solo para el sexo masculino, se adiestraba a los jóvenes con el objetivo de que interiorizasen ciertos valores sociales, los que dominaron en una época asfixiantemente calurosa y perjudicial por tener que mirar continuamente al astro rey. Se les recluía para garantizar la perpetuidad de un sistema fascista.

Hoy, son estas estancias en el extranjero las que instruyen a los jóvenes que vivirán en una Comunidad Europea donde el respeto, en el marco de una convivencia multicultural, debe erigirse como valor fundamental. Y funciona. Sólo hay que observar el cambio que experimentan ciertos sujetos tras pasar unos meses viviendo en esta comuna. Conozco el caso de muchos individuos procedentes de regiones que no toleran ciertas prácticas, creencias o estilos de vida y que, al convivir con aquellos que en sus países estarían bajo llave, han abierto sus mentes, son capaces de mirar por encima de su opaca educación. Han olvidado ciertos prejuicios al darse cuenta de que el respeto está por encima de las distintas idiosincrasias culturales. Y no solo hablo de estudiantes procedentes de regiones rurales de China o del África profunda. También hablo de los nuestros, a los que vienen de nuestra tierra.

Hace aproximadamente un mes que Laura Valle y Laylas Rodriguez, gallegas de nacimiento, terminaron su estancia Erasmus en esta ciudad polaca. Por lo que cuentan a día de hoy, no solo les sirvió para practicar inglés en la Universidad y hacer el intento de dominar el polaco. “Allí aprendí que las fiestas a golpe de lunes son geniales, que es genial ir a las 'casas' sin avisar, que viajar me gusta más de lo que pensaba, que mucha cerveza no es mala, que los polacos tienen que ir a los exámenes de traje o que si llamas una hora y media a España gastas 40 euros de saldo” comenta Laura entre risas y con el sarcasmo que la caracteriza. Creo que tras una breve reflexión -porque esta información la he recibido vía correo electrónico, pero conozco so modus operandi de ‘pienso y luego hablo’- continuó tecleando para decirme que “hablando en serio, aprendí a disfrutar de pequeñas cosas, aprendí a afrontar situaciones que creí que no iba a ser capaz. He aprendido muchas cosas pero sé que de muchas otras no seré consciente hasta que no vaya pasando el tiempo”.




Laylas Rodríguez y Laura Valle


No son pocas las conversaciones que hemos tenido en la habitación 172 del piso 11. De hecho, solo me separaba de ellas la planta de estudio y televisión, o a efectos físicos, un cuarto de hora de espera en la puerta del ascensor y abrir ocho puertas. Pedir sal era en ocasiones toda una odisea, pero allí te las encontrabas, con una sonrisa y planeando mil viajes. ¡Qué estupendas botafumeiras! Amante inseparable de su cámara de fotos, que seguro estaría a su vera mientras escribía estas líneas, Laylas dice que ahora sabe que “se puede sobrevivir una semana a base de hamburguesas, que a -20 grados cruzar la calle que nos separa del Carrefour es todo un reto, que el roce hace el cariño, y que hay personas egoístas en todos lados, pero que también las hay increíbles, que te pueden demostrar más en poco tiempo que mucha gente en años , y en muchos idiomas”.


Ambas estudian Publicidad y Relaciones Públicas en la misma Universidad, y fueron y siguen siendo compañeras de piso. Llegaron a Polonia unas semanas más tarde que casi todos los demás estudiantes extranjeros, pero se integraron rápidamente. “Puedes llevar veintiún años con preceptos, prejuicios y opiniones, pero basta irte cinco meses a Centroeuropa para que tu visión de las cosas cambie por completo. El ‘yo nunca haría’, deja de formar parte de tu vocabulario y aprendes que cada día te depara algo nuevo, que hay que disfrutar del momento y que las cosas sin planear pueden salir muy bien”, dice Laylas. Si lo que escribo me lo hubieran transmitido en una conversación, encajaría a la perfección esta reflexión de Laura:

“empezar tu Erasmus es partir de cero, vuelves a decidir quien quieres ser y a reparar antiguos errores. Ha supuesto un cambio de perspectivas, abrir la mente ante otras culturas... aunque no debemos olvidar que también ha supuesto una increíble bajada de mi cuenta corriente, aunque tengo claro que volvería a gastar cada Zloty, Dólar, Florín, Corona o Euro en lo que lo hice”.



Ambas en su viaje a Nueva York

Se despidieron de todos nosotros con lágrimas en los ojos, con una expresión facial en la que realmente se fusionaba alegría y tristeza. Después de haber recorrido media Europa y parte de América de la mano de la gente que las acompañó durante estos meses, celebraron una magnífica rifa momentos antes de marchar. Y es que Laura tenía motivos para ello. Decenas de vasos, platos, tenedores, un tenderete, jabón de lavadora, un cenicero de un metro de alto, cojines y un sin fin de objetos que encerraban mil anécdotas. Regalaron todo aquello con lo que no podían regresar a España. Y algunas cosillas más.

A través de su envidiado portátil blanco, Laylas me cuenta que “he intentado vivir muy rápido desde que volví a España para no pensar, porque me entra una angustia tremenda. Evito ver fotos, hablar con gente a veces y acordarme de cosas, porque me pasa como ahora, al escribir esto, que se me caen las lágrimas”. En la misma línea, Laura me dijo que retomar la vida anterior ha sido “horrible, pero no por los estudios. Para mi el problema principalmente ha sido la gente, de repente te ves escuchando conversaciones de las que no entiendes nada”. Así, cuenta que “en ocasiones soy masoca y me pongo a mirar fotos y obviamente eso no ayuda. Si terminar un Erasmus es duro, imagínate si lo haces con el curso ya empezado".


Divirtiéndose en Praga


“Hay muchos momentos en los que te derrumbas, momentos en los que desearías cerrar los ojos y volver a Polonia, a Wroclaw, con vosotros. Lo fuerte y valiente que haya podido ser allí, aquí se me derrumba... No hay día que no me acuerde de vosotros , y por consiguiente que no derrame alguna lagrima. Exactamente no es por tristeza, sino porque siento que aquí quizás ya no está mi sitio”, escribió Laura mientras se esforzaba en tragar saliva.

Sopesando la experiencia y lo duro del regreso a la ‘vida real’, ambas coinciden en que si algún día tienen hijos, les gustaría que estos solicitaran una de estas becas. “Les animaría siempre y cuando me llamaran por el Skype”, escribe Laura entre risas. “Me parece que es algo que todo el mundo debería experimentar. Son seis meses que no podré olvidar, y me alegro de no poder hacerlo”, añade. Laylas, bastante más temperamental opina al respecto que “de hecho los obligaré”.

“Cuanto más lo pienso más feliz soy por tener una Lejitimazja, un pasaporte sellado, un billete de dolar, unos chotis –Zlotys- sueltos, un ticket del tranvía sin tickar, doce gigas de fotos y millones de cosas que contar”. Añade que “piensas que no es para tanto, o eso parece, o quieres pensar que lo retomas todo dónde lo dejaste, que tu vida sigue igual, pero te das cuenta de que hay mil detalles que te marcaron para siempre”.

Al igual que ellas, algunos eslovacos, búlgaras, turcos, húngaras o italianos, por poner algunos ejemplos, han vuelto a sus países de origen. Si en una residencia de dieciocho plantas hay espacio para gentes tan diferentes y a la vez tan iguales, ¿por qué no en nuestros países? me pregunto.




Hay quien dice que ir al extranjero a estudiar un año es sinónimo de despiporre o de dinero malgastado, pero pienso que todos los que han pasado por aquí se van con la lección bien aprendida. Son alrededor de 120 los nuevos estudiantes que han ido llegando a esta ciudad desde hace poco más de un mes. Jóvenes que se han ido integrando a esta gran comuna internacional. Doy las gracias a los que promueven y hacen posible este tipo de iniciativas, a la vez que les pido que nos tomen como ejemplo de tolerancia y convivencia. Estoy más que orgulloso de mi ‘mili del siglo XXI’ y espero que cada vez pueda abarcar a más gente.

martes 17 de febrero de 2009

Tongovisión

El auditorio estaba tan lleno o más como cualquier otro festival de eurovisivo. Claro que éste era un tanto especial, con cantantes no tan profesionales, pero con ganas de darlo todo. ErasmEurovisión, un concurso en el que participaron cantantes de varios países de Europa que estudian en Wroclaw.


Cartel del festival y presentadores


A eso de las diez de la noche, el bar Tawerna estaba repleto de estudiantes ansiosos por disfrutar del espectáculo de sus compatriotas. Los dos presentadores, él vestido con camisa y corbata, y ella con el atuendo de Marylin en la película 'La tentación vive arriba,' dieron el pistoletazo de salida a los primeros participantes, un grupo procedente de Turquía que interpretó la versión turca, y supongo que original, de la que los españoles conocemos como “La muchacha turca” del cantante Hakim, esa en la que suenan dos besos al final de cada estribillo –y que por más que he buscado su nombre original no he encontrado-. El público entró en calor animando al grupo y coreando la letra como buenamente podían. No lo hicieron nada mal, dado que aun deleitándonos con un riguroso directo, no habían separado la banda sonora de la vocal, y en determinadas estrofas se les veía un poco el plumero. Aunque salieron bastante bien parados gracias a un par de jóvenes de las que estaban en el escenario, que se marcaron unos bailes contoneando el vientre al más puro estilo de la danza del vientre.



Participantes y público


Participaron además italianos, versionando la canción “Será perqué ti amo”, y que al igual, recibieron todo el calor de sus compatriotas. Muy guapos ellos, con tirantes, corbatas, sombreros y puros, y ellas, con idénticos vestidos comprados para la ocasión, recibieron grandes ovaciones no solo de los suyos, importantes en número, sino de polacos, porque al parecer hay una versión polaca con la misma musiquilla, aunque habla de la pérdida de la virginidad, y como no, de los españoles, porque aquí se sabe que España e Italia… amici!



Representación italiana

Marylin y su compañero continuaron dando paso a un grupo tras otro, entre el que a mi parecer destacó una muchacha francesa que vive en mi residencia, y que jamás hubiera imaginado que se hubiera arrancado a cantar ante cientos de personas ella solita. No se si porque la ventana de al lado del escenario estaba abierta o porque a la joven se la comían los nervios, la voz no dejó de temblarle durante la actuación. Aun que no soy yo quien para juzgar el talento musical, claro. Por eso le dimos todo nuestro apoyo.




¿Frío o nervios?


Ahora que, si el bar Tawerna convertido en anfiteatro vibró de emoción, fue cuando el escenario fue invadido por claveles rojos, una guitarra española y una falda flamenca. A Álvaro y Vanesa, acompañados de un coro compuesto por cinco chicas, un guitarrista y otro que tocaba la caja, un poco improvisada esta última, les costó unos minutos empezar la actuación, puesto que los gritos y ovaciones de los allí congregados, ensordecían los altavoces con la que sí fue una auténtica banda sonora. Versionaron la canción “La lista de la compra” de María Jimenez y La cabra mecánica, o más bien versionamos, porque a mas de uno casi nos explotan las cuerdas vocales por cantar con ellos. ¡Qué exaltación patriótica viví chico! ¡Ni los de las manifestaciones de Rouco Varela y compañía me metían mano!




Al finalizar la canción, el público aplaudió aplaudió y gritó “otra, otra, otra” tantas veces, que nos dejaron con un buen sabor de boca con otras estrofas extras a capella. El festival siguió con unos cuantos grupos más, tras los que Marilyn nos anunció que en breve el jurado comunicaría su veredicto. El breve en realidad fue como cosa de una hora en la una dj disfrazada de Uma Thurman en Pulp Fiction pinchó música de todos los países.



Público y representación rumana


Finalizada esta hora de espera, y estoy seguro de que casi también los barriles de cervezas del bar, se comunicó el nombre del tercer ganador: un joven que cantó la canción “tu quieres marcha, marcha”, pero con un toque hard core que divirtió bastante a un público que lo dió todo durante la actuación. Seguidamente anunciaron que el segundo puesto era para los italianos. Y por lo que vi, la mayoría de españoles también estallaron en aplausos y ovaciones, ya no solo por que ganaran los bambinos, sino porque si éstos habían ganado la plata, España tenía todas las papeletas para hacerse con el oro. Pero la presentadora dijo que en realidad habían dos ganadores del segundo puesto: italianos y españoles. ¿Qué? ¿Dos ganadores del segundo premio? ¿Y entonces para quien es el primero?



Segundo premio

No mencioné que la primera en abrir el festival fue una polaca, que ciertamente no lo hizo nada mal, pero ¿cómo va a ganar una polaca? Estábamos en ErasmErasmusvisión, y si esa niña es polaca no está de Erasmus, y si no está de Erasmus ¿Por qué participó?



Representante polaca, sin duda, la más vitoreada

Bueno, ni os imaginais los abucheos y gritos de “tongo” que se lanzaban en todo tipo de lenguas. La chica, nerviosa en el escenario, no daba crédito a lo que veía y oía. Y como ganadora del festival, tenía que volver a cantar el tema que le elevó al estrellato. Yo diría que se pensó un poco si salir corriendo o cantar de nuevo. Finalmente cantó y un grupillo de gente la apoyó, encendiendo sus mecheros y balanceándolos al son de la lenta balada que volvió a cantar, y otra gran mayoría siguió gritando tongo y piropos del estilo.


El cariño del público queda claro que se lo llevaron los españoles. Como me dijo el cantante “da igual que no hayamos ganado, nos lo hemos pasado genial y es a lo que veníamos”. Bien sea porque falle el playback, como les pasó a la Toñi y la Encarni allá por los años 90, o por chanchullos de la organización, seguiremos recordando el 68 como el año de la gran victoria.


Dejando el eurotongo a un lado, la vida en Polonia continúa transcurriendo entre fuertes nevadas. Ya por fin han apagado las luces de Navidad, que vale que embellecían las calles y plazas, pero ya me imaginaba yo en julio y con las lucecitas encendidas. En cuanto a la vida estudiantil, las universidades polacas han cerrado sus puertas tres semanas por vacaciones tras los exámenes de febrero. Días que la gran mayoría hemos aprovechado para hacer algunos viajecillos, en mi caso volví a Berlín y me encontré a Demi Moore y su churri posando en la alfombra roja de la Berlinale. ¡Qué cosas!



Festival de cine de Berlín 'Berlinare'


Son las llamadas vacaciones de invierno que concluyen el primer semestre para unos y el año Erasmus para otros, dado que muchos estudiantes vuelven a sus respectivos países. Y con motivo de que algún italiano se marchaba a su país, todos los que viven en mi residencia organizaron una Italian Party. Decoraron la sala de reuniones de la planta doce con el rojo, verde y blanco, ofrecieron comida y bebida típica, cantaron y bailaron. Se trabajaron la fiesta hasta tal punto de ¡pintarse hasta las uñas del tricolor de su bandera!




Italian party


Estos últimos días, el ambiente estudiantil Erasmus ha olido a despedidas, a lágrimas, a alguna que otra pareja rota… Yo, que me quedo hasta finalizar el curso, no puedo dejar de pensar en qué va a pasar cuando todo termine y tenga que volver a la vida real.


Pero no todo son penas, pues el fin de semana pasado llegó a mi residencia una nueva hornada de 120 estudiantes que por ahora están bastante perdidos. Haremos todo lo posible por integrarlos y que disfruten el que probablemente será el mejor curso de sus vidas.

sábado 24 de enero de 2009

Y el Goya al mejor actor es para... mí!

-Cuerpo de policía de Polonia. Por favor no se mueva ni toque absolutamente nada. Esto es un registro. Está usted acusado de pertenecer a una banda de narcotraficantes que opera entre España y Polonia.-

-¿Qué? ¿Qué pasa? ¿Por qué hay perros y policías en mi habitación? ¿Qué invento es esto?-

Con este percal desperté el día 15 de Enero del presente año a eso de las cinco y media de la mañana. Dormía yo plácidamente desde hacía una media hora cuando escuché unos porrazos en la puerta de mi habitación. Pensé que sería alguien de la residencia, algún amigo con ganas de echarse unas risas después de la agitada noche. Me levanté medio sonámbulo, oliendo todavía a las salchichas que había cocinado hacía menos de una hora y escuchando de fondo la canción ‘It’s my party’ de Cindy Lauper, que sonaba muy flojita en el portátil. No había acabado de girar el pomo para abrir la puerta cuando la empujaron con virulencia, obligándome a retroceder unos pasos por el embiste. Frente mí tres miembros del servicio de policía polaco, cada uno sujetando a un perro, y una de las administrativas de la residencia.




Imagen tomada de Google

Las líneas con las que he empezado a escribir esta entrada las entendí tras los segundos en los que la administrativa tardó en traducirme del polaco al inglés lo que estaba pasando. Lo tuvo que repetir una segunda vez. Y una tercera. Yo no daba crédito a lo que veía y oía al ver a aquellos policías con perros que me hablaban en polaco. Tres policías, tres perros, la de administración y yo. En pelotas.


En lo que tardé en ponerme unos pantalones, armarios, cajones, mochilas, apuntes, calcetines, pantalones, sudaderas, calzoncillos, abrigos, cama, maleta y absolutamente todo estaba siendo olisqueado por los caninos y registrado minuciosamente por los policías. Yo todavía en estado etílico, intentando explicar que era un craso error, y Lauper cantando ‘es mi fiesta, y lloro si quiero’. Claro que ganas de llorar me entraron a mí cuando me dijeron que estaba detenido. Yo, que el mayor acto vandálico que he hecho en Polonia ha sido robar papel higiénico y algún que otro tenedor de un bar.


Cómo no me vería la de la residencia, que abrió la ventana para que el aire gélido me sacara de mi estado de shock, me ofreció agua y me dijo que fumara si quería. Mientras tanto esa panda de sicarios seguía revolviéndolo todo. Y los llamo sicarios, y en mayúsculas, porque me trataron como a un delincuente sin prueba alguna. La policewoman cogió mi ordenador, y lo lanzó a la cama, callando a la Winehouse. Y ahí ya me dije a mi mismo que hasta allí podíamos llegar, que ya estaba bien, gritándole que tuviera cuidado con mis cosas, que esas no eran formas. Respondió con una mirada que no invitaba mucho a la conversación, pero a mi me dio las fuerzas para poner los pies sobre la tierra y defender mi inocencia. Mi particular traductora me dijo que desde España se había enviado un paquete con drogas, a mi dirección y con mi nombre. A mi se me debió de quedar cara de “pero que me estás contando”, y mis cuerdas vocales hablaron por mí y dijeron “¿dónde está la cámara? ¡Si esto es una broma de la televisión polaca, no me está haciendo ninguna gracia!”.


Parece que aquella frase relajó un poco la tensión que invadía ya no solo mi habitación, sino hasta mi cocina, porque vi a uno de ellos registrando hasta el frigorífico, y a la que tapó la boca a la Winehouse se le escapó una especie de sonrisa. Me explicó de qué se me acusaba, ya con más calma, y tras más de una hora de registro. Aunque yo seguía esperando a que aparecieran las cámaras y algún presentador que pusiera fin a la surrealista escena. Aun sabiendo que yo no tenía nada que ver con ninguna banda de narcos, la situación me bloqueó hasta el extremo de no poder ni hablar.




Otra de google, no pude echar fotos durante el registro


Firmé un montón de papeles, que por supuesto no entendía, pero a ver quien les decía a esa panda de impresentables que yo no firmaba nada. En uno de ellos me pidieron que escribiera el número de teléfono de casa de mis padres en España, a lo que respondí cogiendo mi teléfono y llamando a la única persona que en aquel momento me podía ayudar. Kamil.

Cuando descolgó el teléfono y le expliqué que estaba con la policja en mi habitación y que me iban a detener, el pobre se quedó más muerto que vivo. Yo, que he vivido mis veintitrés años en un pueblo del sur de la Vega Baja y que hasta la pubertad recé por las noches el “Jesusito de mi vida” para poder dormir, acusado de narcotraficante. En esas le pasé el teléfono a la mujer policía. Al principio me dijo que no, pero tras decirle que el que estaba al otro lado hablaba polaco, accedió a hablar.


Tras cinco minutos de conversación en los que seguí condensando con humo de alquitrán el ambiente de la habitación, sacó otro papel y me dijo que me presentara en la comisaría a las 11 en punto de la mañana con un traductor, y que posiblemente necesitaría un abogado.


Antes de tener tiempo para digerir todo lo que me estaba pasando me encontré solo, llorando como un estúpido, pensando en qué demonios me iba a pasar cuando fuera a comisaría, pensando en cómo iba a buscar yo un abogado. Y en mis narices, la nefasta visión de todas mis cosas revueltas, violadas en mi jeta.

Me tumbé en la cama para reflexionar sobre la película de ciencia ficción en la que sin comerlo ni beberlo me vi como protagonista. ¿Qué hacer? ¿A quien llamar? ¿Qué me iba a pasar? Sumido en la impotencia que me produjo el no enterarme ni de un tercio de las cosas que me habían dicho, me arrastré a la ducha, la cual también fue registrada, y pensé y pensé.

A las diez cuarenta y cinco de la mañana estaba con Kamil en la puerta de aquella comisaría. Menos nervioso y tosiendo sin parar, resultado de haber pasado tres horas fuma que te fuma, abrí la puerta y agradecí que el calor del edificio me dejase volver a sentir las manos, cara y orejas. Con las prisas me fui sin guantes ni bufanda andando sobre los diez o quince centímetros de nieve que cubrían la calle. Me sentí entonces más ubicado, en una comisaría como las de ‘Cuéntame’. Subí al quinto piso y esperé en un banco de madera, atónito por el tétrico ambiente. Olía como a humedad mezclada con humo de tabaco viejo. Ventilación en una ciudad donde he estado a -18º, poca. Después me llevaron a una habitación para interrogarme. La primera pregunta, no fue tal, sino una afirmación. “Tu y yo sabemos lo que había al lado de tu cama cuando la policía ha ido a tu habitación”. Mal empezamos, pensé. –No sé, un MP3, un mechero quizás, algo de ropa, yo que sé…”- Cinco minutos después de ese tira y afloja basado en “lo sabes, yo no sé nada, lo sabes, yo no sé nada”, el poli se levantó y se fue. Yo seguí respondiendo a todas las preguntas que una señorita me hizo. Desde qué día nací, hasta qué hice el día anterior por la noche.

La cuestión era que desde España, y a fecha 20 de agosto, se envió una caja con drogas con mi nombre a la residencia en la que estoy. Nada más escuchar eso, supe que tenía coartada, pues yo llegué aquí un 22 de septiembre y me quedé unos días en un hotel, puesto que no tenía sitio en la residencia en la que fui registrado. Aun así la policía me dijo que seguiré siendo investigado, que seguirían mis pasos.

Y con esta experiencia policial inauguré mi llegada a Wroclaw en 2009. Cierto es que ahora lo cuento y me río. Pero menudas horas pasé. Gracias al calor que me dio la gente con la que aquí vivo, mi familia polaca, no me dejó huella la agitada experiencia.


Por lo que respecta a mi vuelta a España, todo fue bastante bien. Hice escala en Dublín y aprovechando que tenía un buen amigo viviendo allí, y que si esperaba dos días el siguiente vuelo me salía bastante más barato, aproveché para visitar una ciudad tan cara como bonita. Al llegar a Alicante me estaba esperando mi Katy para llevarme al pueblo, claro que parando antes a tomarnos unas cañas. Me sorprendí a mi mismo al llegar a mi ciudad y darme cuenta de que no me había dado tiempo a echar de menos aquello.



Pateando Dublín



Reencuentro con la familia, amigos, buena comida, cafés a las tres y media en el Tijuana, la ya clásica fiesta de disfraces en nochevieja, los vámonos de ginc tonics a media tarde, un sofá, una tele, un coche, y un Martini mañanero antes de coger el avión con tres o cuatro kilos de más. Si, también de equipaje, pero esta vez sin incidencias y más seguro, porque sabía lo que iba a encontrar cuando llegara. Y no hablo de mi experiencia con la poli, ni de que las luces de decoración navideñas sigan encendidas a día 24 de enero, sino de la gente con la que aquí convivo y la ciudad, que los primeros días veía tan de la URSS y que ahora tanto me gusta.



Recreando la movida madrileña


¿Tienes ganas de irte otra vez? Me preguntó mucha gente. Y la respuesta fue siempre en mayúsculas y acompañada de una sonrisa: SI. No es que no esté bien allí, por supuesto que echo de menos muchísimas cosas, pero mi Erasmus está siendo una de las experiencias más fantásticas de toda mi vida. Me está aportando mucho, como persona, como estudiante y como actor de pelis de ciencia ficcción.

Ahora que, si cuando me fui hacía frío, cuando saqué una patita fuera del avión, ya en territorio polaco, se me helaron hasta los intestinos. No recuerdo si estábamos a -12º o -16º, solo sé que cuando aspiré, mi aparato respiratorio se congeló. Desde la boca hasta el esófago. Se me escapó una risa tonta al pensar que en Alicante, y a 8 o 10 grados, la gente tiritaba por la calle. Aquí ya no tengo problemas con el minifrigo que comparto con dos personas más. Ahora dejo zumo de naranja en el balcón, y al poco tiempo lo tengo granizado. Claro que si dejas la fregona dentro de su cubo, te las tienes que ingeniar para fregar con una gran pieza de hielo.


Ahora valoro lo que tengo aquí, en mi Wroclaw, y estoy dispuesto a darlo TODO durante los seis meses que, en principio, me quedan aquí.





Jugando en la nieve y celebrando nuestra vuelta


lunes 15 de diciembre de 2008

Puntos gastronómico-festivos





¿Cómo será? ¿Congeniaremos para mantener una conversación de dos horas? ¿Acudirá a la cita? Son algunas de las preguntas que me hice durante los cinco minutos que la estuve esperando frente a la puerta de la Universidad. Cuando por fin se me acercó, me apresuré a deshacer las numerosas vueltas de bufanda que rodeaban casi por completo mi cara para estrecharle la mano. Me esforcé en esbozar una sonrisa, luchando así contra el ‘efecto lifting’ en que queda mi cara cuando está un rato expuesta a este frío polar. Resultó extraña la sensación de quedar con una desconocida con el único objetivo de charlar. Pero es una práctica que está muy generalizada, sobre todo entre estudiantes extranjeros. El nombre mediante el cual se conoce popularmente a esta práctica es el de tándem. Por ejemplo, si yo quiero practicar mi inglés, y otra persona el español, quedamos para charlar un rato en cada idioma, corrigiendo los errores gramaticales de la otra.


Pues bien, hará como cosa de un mes puse un cartel en el tablón de anuncios de la Universidad ofreciéndome para enseñar y que me enseñen, y el resultado fue de lo más efectivo. Mi móvil recibió bastantes mensajes, y ahí estoy, intentando mejorar mi inglés entre luces de navidad y tacitas de vino caliente con especias y fruta. Y entre clases, exámenes y despedidas varias, se me presentaron dos posibilidades: dejar perder los setenta Zlotys por miedo a no conseguir billetes de vuelta y arriesgarme a perder el vuelo de vuelta a España, o sentar mi culo en el asiento número 89 de aquella locomotora e improvisar la vuelta. Y eso hice. Y me planté en Berlín.


Las seis horas que duró el viaje entre Wroclaw y la capital alemana transcurrieron bastante rápidas. Juegos en voz alta que no me dejaron dormir, anécdotas de la noche anterior -porque faltar a la misa de los miércoles noche en ‘No name’ es pecado, y no comentarlas es pecado al cuadrado porque vivo en una especie de ‘Gran hermano’- y comida. Mucha comida. No sé muy bien por qué, pero cada vez que hacemos un viajecillo, cargamos nuestras mochilas con comida y matamos el tiempo ingiriendo calorías y puntos. Desde que mi amiga Elena nos dijo que en España hacía una dieta basada en un sistema de puntos -cada alimento tiene una serie de puntos, los cuales sumados no pueden rebasar los 20 en todo el día- nos pasamos el día sumando puntos. Parecemos la Igartiburu en un festival de Eurovisión. Y siempre sacamos una puntuación más alta que la de la mismísima Massiel.



Nada más poner un pié en Berlín nos dejamos llevar por la intensidad en la que en esta tierra se vive la Navidad. Según nos contó una catalana afincada allí, en esta ciudad la Navidad llega prontísimo. En noviembre ya se empiezan a poner mercadillos y decoración Navideña, porque los berlineses se deprimen con la llegada del frío y los anocheceres a las cuatro de la tarde. Y al mal tiempo, puntos. En cada esquina hay un mercadillo navideño repleto de puntos. Y yo es que si me tengo que integrar en una cultura, me integro. No veo problema alguno en desayunar, comer y cenar salchichas a la brasa, además de almorzarlas y merendarlas. Me encanta sentirme como el bombo de los niños de San Idelfonso.


Vista nocturna de mercadillos navideños con su pista de hielo, al fondo la torre de la tv, y cebándonos Ángela y yo


En un principio teníamos pensado recorrer la ciudad por nuestra cuenta, pero a la llegada al hostel vimos un cartel que anunciaba visitas guiadas gratis por la ciudad. Y sin creérnoslo mucho, a la mañana siguiente gastamos la cantidad de puntos de un día y medio solo en el desayuno y nos dirigimos a la dirección indicada. Allí, Gemma, catalana que vino a visitar a un amigo que estaba de erasmus en Berlín, y se quedó allí, nos explico cómo funcionaba la empresa. Se basa en la filosofía de que todo el mundo tiene derecho a una visita guiada por la ciudad. Al final del tour, cada uno aporta lo que puede o quiere.


La visita empezó frente a la Puerta de Brandenburgo con la historia de cómo, quién y por qué la construyó. Todos escuchábamos atentos, porque además de los once españoles que fuímos desde Wroclaw, nos unimos a otra decena que está de Erasmus en Praga. El momento álgido de la explicación llegó cuando nuestra guía nos comentó que el hotel que había justo detrás de nosotros fue desde el que el polémico Michael Jackson sacó a su hijo por encima de la barandilla para mostrarlo al mundo. Menuda lluvia de flashes a una fachada que nada tiene que ver con el lujo que alberga en su interior. Porque tras la Segunda Guerra Mundial, que dejó en pie solo un 10 por ciento de las edificaciones de la ciudad, se decidió que los alrededores de esta monumento debían de estar compuestos por edificios sencillos, porque la gran protagonista es esta puerta, coronada por la mítica estatua ‘La cuádriga’, de la que hasta el mismismo Napoleón se enamoró, y la expolió, volviendo años después a su lugar de origen.




Puerta de Branderburgo


Tras el subidón recordando la escena Jackson, nos dirigimos al Memorial al Holocausto. Un impresionante monumento de 19.073 metros cuadrados compuesto de 2711 estelas de hormigón construido sobre el Centro de Información sobre las víctimas del Holocausto. El artista que lo diseñó nunca dejó claro que quería transmitir, pero cuando te adentras en el interior de tantísimos bloques de hormigón, nunca sabes quien puede aparecer a un metro de ti. Quizás eso sentían los presos de un campo de concentración. Claro que siempre puedes mirar hacia arriba y ver el cielo, la esperanza.



Memorial al Holocausto


Después estuvimos sobre el suelo en el que Hitler construyó el bunker que lo vio morir, sin monumento, placa o recordatorio alguno para evitar que algún depravado deposite flores en los alrededores.


Si hay algo que los españoles deberíamos de admirar de Alemania es el meticuloso ejercicio de memoria histórica que se hizo tras la IIGM. Creo que es fácil decir vamos a olvidar el pasado y empezar desde cero. Pero se corre el riesgo de que parte del país siga dividido, como creo que pasa en España. Soy partidario del borrón y cuenta nueva, pero poniendo las cosas en orden, y este país es un ejemplo digno de admirar.





Teresa y yo en la Catedral de Berlín


Así, visitamos los restos del Muro de la Vergüenza, la Torre de la Televisión, o el Checkpoint Charlie, punto de la ciudad en el que convergían las fronteras ocupadas por los franceses, estadounidenses, británicos y soviéticos y en el que hoy hay fotos de los últimos soldados que estuvieron en estos puestos de vigilancia. Fue el 13 de agosto de 1961 cuando ese bloque de hormigón separo a dos amantes. Ella quedó en la parte este y él en la oeste. Se juraron amor eterno, pero con el paso de los años el rehízo su vida al lado de otra mujer, Con el tiempo, y cuando el régimen se abrió un poco y permitía pasar a la parte este durante unas horas para hacer turismo, la nueva pareja de adentró en la parte soviética durante unas horas. Pero el muchacho le dijo a su amante que iba a buscar tabaco y nunca volvió. Cuando la mujer se dio cuenta, su pasaporte estaba en la chaqueta de su amado y no podía volver a cruzar la frontera. Efectivamente, el muchacho se reencontró con su viejo amor y ambos cruzaron la frontera buscando un futuro. Claro que la no deseada filtró los datos de su hasta entonces novio, el cual fue detenido y encarcelado.



Muro de la Vergüenza y alrededores


Supongo que cientos de historias rodean a este Muro de Berlín, pero este año he tenido la oportunidad de conocer una de cerca. María, una italiana de 22 años que vive en mi residencia, me contó una historia que merece ser plasmada en un libro. De madre alemana y padre italiano, éstos se conocieron en un camping en Hungría. Tras una semana, cada uno marchó a sus respectivos países y estuvieron un año comunicándose por vía postal. La única solución que tenían para estar juntos era casarse y que ella renunciase a vivir en la parte soviética de Berlín. Eso hicieron, y se marcharon a Italia. Sólo cuando cayó el Muro, María, sus hermanos y demás familia pudieron volver a la ex Alemania dividida para conocer a su familia materna. Increíble. Recuerdo cuando en la Universidad vimos el concierto ‘The Wall’, que conmemoró la caída del Muro, para hacer una crónica e intenté inventar una historia de reencuentros. Creo que ahora si estaría preparado para escribirla.


A su vez, también fuimos al Parlamento Alemán a ver si la Merkel contribuía a nuestra suma de puntos invitándonos a unos bollos y un café caliente que aliviase el frío que se había apoderado de nuestros huesos, a cambio de bailarle el 'Gimme more'. Pero nada, no hubo suerte, aunque si pudimos visitarlo y ascender a su cúpula de cristal, que está a la vista de los parlamentarios, para recordarles que el pueblo está por encima de ellos. Ya me los imagino, en vez de dormidos como los de España, mirando hacia arriba y comentando las bragas de las visitantes. O no. Porque si por una cosa se caracteriza esta ciudad es por la diversidad cultural, sexual o religiosa. Gente joven, progre y que recibe a cualquiera con los brazos abiertos.



En el Parlamento Alemán invocando a la Merkel



Hachazo y vuelta a Polonia, con más gente mayor y menos progre. Culpa quizás de esa polarización de la Europa del este y del oeste, aunque no por ello menos interesante. La gente joven suele pensar de manera bastante distinta a sus mayores, los cuales, según Natalia “no se atreven a votar a la izquierda en elecciones por miedo a que vuelva el comunismo”. Qué cosas.


Ahora que Wroclaw se ha engalanado de Navidad y pistas de patinaje, que hemos acabado los exámenes de Diciembre, que Papá Noel llega en moto a esta ciudad, que los de la Universidad nos han organizado una cena Navideña en la que un papelito extraído de una urna me deseó “romantic love”, que las amistades se hacen más fuertes, que he conocido diferentes países y culturas, que he reído, llorado, amado y sentido llega la hora de las despedidas. Y los reencuentros. Y los extrapuntos mazapaneros.


Mercadillo de Wroclaw y cena polaca navideña


Wesołych Świąt!!

miércoles 3 de diciembre de 2008

Willy fog, el primer Erasmus

-¿Sois de España?
-¡Si!
-Yo hablo un poco de español. ¿Qué sois, Erasmus?
-Si, hemos venido a estudiar aquí un año
-Yo me voy de Erasmus a España un semestre, en febrero.
-No me digas, ¿a dónde?
-A Alicante, a una ciudad que se llama Elche
-¡Nosotros estudiamos allí! ¿A qué Universidad vas?
-A la Miguel Hernández, a la facultad de Periodismo
-¡Nosotros estudiamos allí!
-Si, voy a vivir en un piso con dos chicas que se llaman…
-¡Celia y Carmen! ¡Qué fuerte! ¡Son nuestras amigas!

Estar a más de tres mil kilómetros de tu Universidad y que una polaca te diga que se va unos meses a vivir España a casa de dos amigas tuyas es demasiada casualidad. A Ola, nombre de la chica en cuestión –que supongo que no se escribe así, pero si se pronuncia-, se le ve muy contenta cuando habla de su futura estancia en España. Es una chica joven, de unos veinte años, caracterizada por el rojo intenso de su color de pelo y por llevar un piercing sobre el labio superior y otro bajo el inferior.

Derrochando vitalidad a raudales y con alegría en la expresión, desde el día en que María y yo la conocimos, Ola aprovecha cualquier ocasión para practicar con nosotros su español y preguntarnos dudas sobre la ciudad, la universidad y la vida allí. Para ser el segundo año que estudia castellano, sorprende su manejo del idioma. Pero no solo de ella, sino de la mayoría de sus compañeros de aula, a los cuales les interesa bastante la cultura española. Tanto es así que el miércoles pasado celebramos una pequeña fiesta en mi residencia a la que asistieron un profesor onubense de mi universidad, su novia, que es profesora en la misma institución, un sobrino de éste con unos amigos, que estaban de visita en Wroclaw, y más de una decena de estudiantes de mi Universidad. La velada, que transcurrió entre copas de sangría y conversaciones sobre nuestros respectivos países, siguió muy animada en un club del centro de la ciudad.

Así, mis compañeros de Universidad se sorprenden cuando algunos lunes me preguntan qué tal ha ido el fin de semana, y les digo que he estado de viaje. Quizás en un principio piensen que me encanta invertir en ocio la fortuna de mis padres. Pero ya me ocupo yo de aclarar que soy del pueblo llano, aunque la Administración del Estado considere que tengo demasiado patrimonio como para recibir beca. Claro que una cosa no quita la otra, y estando aquí, en el centro de Europa, viajar resulta algo sencillo, cómodo y con un poco de ingenio, económico.


Hace dos fines de semana fui a Praga con algunos compañeros de la residencia. Viaje flash: dos días, un billete de autobús de cuarenta euros y un albergue de seis la noche. Algo había oído yo hablar de la belleza de la capital de la República Checa mediante anécdotas de conocidos que habían estado allí. Pero, ver para creer. A mí, que particularmente la historia medieval me fascina, me embaucó. Su Castillo, la Catedral de San Vito, el entorno del río Vltava con sus muchísimos puentes, entre el que destaca el puente de Carlos IV que conecta la Ciudad Vieja y la zona de Malá Strana, La Plaza de la Ciudad Vieja, en la que estaba el mercado de la ciudad en el medievo, el Barrio Judío, en el que está la sinagoga más antigua de Europa, entre muchísimas más obras de arte gótico, barroco, románico. Sus puestecillos de comida típica en la plaza central, poder leer el periódico español que más me gusta, pero en papel y bebiendo un chocolate caliente, las miles de marionetas que desde las tiendas de souvenirs vigilan cada paso que das, sus majestuosos edificios. Todo.


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Se trata de una ciudad donde el turismo es el pan de cada día; fue incontable el número de españoles con el que me crucé. Estando aquí no echo de menos el odioso euro que tantos disgustos nos ha traído y nos trae a millones de españoles. Pero reconozco que eso de estar cambiando de moneda cada dos por tres resulta bastante coñazo. Porque si en apenas dos semanas se juntan en tu cartera Euros, Zlotys, Coronas checas y Pounds, al final no sabes ni con lo que pagas. Si no, que se lo pregunten al taxista que nos llevó a la estación de autobuses para poder volver a Wroclaw. Entre todos los que habíamos sumábamos coronas como para pagar dos taxis, pero necesitábamos cuatro. Teníamos dos opciones, confiar en la suerte a ver si nos cobraban menos de lo esperado por el trayecto, o tentar a la suerte y si nos cobraban más por el trayecto uh…uh…uh… (silbidos haciéndote el sueco). Optamos por montarnos en cuatro taxis y que cada uno se las ingeniase como pudiese. Pagamos con euros, zlotys, coronas y ejercitamos las piernas.

Y tras otra ‘entre semana’ en Wroclaw, viajé a Bournemouth, situada en la costa sur de Inglaterra, concretamente en el condado de Dorset, a dos horas de Londres. La describiría como una ciudad universitaria con divertido ambiente nocturno. Las inglesas, tan extravagantes como siempre. Tacones de purpurina y estampados plateados por doquier. Y a las polacas que allí había se las distinguía al instante por su anaranjado color de piel. Tan pegadas a un solarium como el turrón a la Navidad.







Una de las cosas que más me gustaron fue su clima, que aunque en invierno el sol brilla por su ausencia, la temperatura es agradable. Cuatro días recorriendo calles que huelen a sal , visitando clubs nocturnos y desayunando hasta casi reventar.

Y después de un par de horas de vuelo, inolvidables recuerdos y planes de futuro, aterrizo en Wroclaw y me encuentro con un paisaje que podría ser la imagen de una postal navideña. Blanco. Frío. Llega la Navidad, y más teniendo en cuenta que el trineo de Papá Noel aterrizará en este país el 6 de Diciembre. Calles repletas de luces, centros comerciales abarrotados y decenas de campanas que desde lo alto de los campanarios tocan villancicos a las en punto, recordando a muchos Willy Fog que en un par de semanas visitaran a sus respectivos.