El 13 de noviembre de 1945 el Gobierno socialista polaco fundó por decreto la organización Film Polski, encargada de organizar las actividades fílmicas de producción, distribución, exportación e importación de películas y equipos, así como de la formación de artistas y técnicos. Tras la ocupación nazi, y como consecuencia de la actividad bélica, quedaron destruidos todos los estudios y laboratorios cinematográficos de Polonia. Así, la esfera política se encargo de retomar la actividad cinematográfica y engrasó la maquinaria productora de cine con el objetivo de hacer propaganda del régimen socialista. Se vetaron las películas americanas y todo intento de filmar largometrajes de temática contraria a la ideología comunista. Tan solo se financió a aquellos filmes a los que un grupo de censores dio el visto bueno.
Y dado que la economía comunista no permitía el empleo de capitales privados, todas las actividades de realización quedaron en manos del Gobierno. Una de las producciones más representativas de esta época fue La última etapa, de Wanda Jacuboska, que trata de la historia de la IIGM desde el punto de vista comunista y de la vida en los campos de concentración. Fue la primera gran aparición del cine polaco en el escenario internacional y recibió elogiosas críticas por ello. Así, hasta 1951 se produjeron 14 largometrajes, 685 documentales y 170 filmes educativos, además de algunas series de dibujos animados, según los datos de la propia Film Polski, que ostentaba el bastón de mando del monopolio del cine.
Con la muerte de Stalin, en 1955, Polonia tuvo un Gobierno de tinte más liberal de la mano de Władysław Gomułka. Aprovechando que el puño represor se había abierto en cierta medida, los cineastas propusieron la descentralización de la Film Polski, y consiguieron crear grupos fílmicos con cierta autonomía en la elección de temas y el presupuesto económico. Nacería así la escuela polaca de cine, que se apartó en cierto modo de los temas del realismo socialista y se centró en producciones basadas en los rasgos históricos y humanos del país. Son bastante conocidas las películas Kanal, Cenizas y Diamantes, del director Wajda, y Madre Juana de los Ángeles, de Kawaterowicz. Los cineastas gozaban de cierta libertad y plasmaron metáforas y simbología de transfondo en sus largometrajes, burlando de alguna manera a los organismos censores y dirigiendo guiños cómplices al público. A cuentagotas, se irían derribando las barreras al cine extranjero, y durante la agonía del Gobierno Comunista, la permisividad temática fue creciendo. En 1974 se celebró el primer festival de cine en polaco en la ciudad de Gdansk.
Durante los últimos diez años de la era Comunista en Polonia, se permitió la reproducción de cine americano, apertura que la ciudadanía abrazó con entusiasmo. En 1989, recién caído el régimen, se aprobó una nueva ley de cinematografía, cuya principal novedad fue la apertura al capital privado para la financiación de cine, además de la eliminación de barreras contextuales.
Establecida la censura, se recurrió en un principio a filmar temas que idealizaban el triunfo franquista en la guerra. Cabe destacar la película emitida en 1940 Raza, escrita por el mismo Franco, y con elementos autobiográficos del dictador. Después, se centraron en temas que exaltaban el nacionalismo español y los episodios heroicos de la patria, como se plasma en los filmes Agustina de Aragón, o Los últimos de Filipinas. De la misma manera, otro tema al que recurrieron con asiduidad fue el cine clerical, dado que la Iglesia era la mano derecha del dictador, siendo la película Misión blanca, protagonizada por Fernando Fernán Gómez, la más representativa. Así, el tema folclórico, con el telón de fondo de Andalucía, los toros, o las sevillanas, fue otro tema muy explotado en el momento.
En la década de los cincuenta, el fin relativo del aislamiento político de España se vio plasmado reflejado en algunos largometrajes. La película estrenada en 1952 ¡Bienvenido, Mister Marschall , del director Berlanga, o el éxito en 1958 de Las chicas de la Cruz Roja, de Rafael J. Savia, son dos ejemplos que ilustran dicha apertura.
En la década de los sesenta, el cine de temática folclórica cobró fuerza de la mano de una generación de artistas como Lola Flores, Juanita reina, Carmen Sevilla, Paquita Rico, Antonio Molina o Luis Mariano.
Entre 1962 y 1975 se produjo una cierta abertura de España al mundo exterior y comenzó una liberación de temas, y sobre todo de un ejercicio menos represor de la censura. Se empieza entonces a plasmar en películas la realidad española, periodo que se conoce como Nuevo Cine Español.
Critiquemos, ahora que podemos
En España se aprobaron diversos decretos y leyes que garantizaban la independencia del cine en la elección de temas y recursos de financiación, al igual que en Polonia, que en 1989 se aprobó la Nueva Ley Cinematográfica que abrió paso al capital privado en financiación.
De esta manera, los largometrajes comenzaron a reflejar lo que hasta entonces estaba vetado. En el caso español aparecieron películas de corte documental que narraban la vida de aquellos que perdieron la guerra, o dan una visión real y objetiva de la España franquista. Tuvo un éxito importante Las largas vacaciones del 36, o Las bicicletas son para el verano. En el caso del país que fue comunista, se empezó a reflejar en pantalla la desesperante realidad social. Un buen ejemplo de este tipo de cine es la película Los perros, Wladyslaw Pasikowski, referida a los policías del régimen, y que ganó cinco premios en el festival de cine de Gdansk. Además, también se multiplicaron los filmes de acción, al estilo de las películas americanas, ansiadas por la población polaca, y que tanto furor comenzaron a crear entre el público.
De la misma manera, en España, también surgió una corriente de películas con un fondo de libertad sexual. Los directores Jaime de Armiña y Eloy de la Iglesia realizaron la mayoría y más significativas películas del genero. Mi querida señorita, El amor del capitán Brando, o Los placeres ocultos son buenos ejemplos de esta nuevo tipo de cine.
Pero si de un director no nos podemos olvidar es Pedro Almodóvar, que se estrenaría ante el gran publico con una película diferente Pepi, Luci, Boom y otras chicas del montón en 1980, un año después de que se desmoronara el régimen.
Por su parte, el cine polaco también comenzó su despegue, aunque algunos años después, dado que la llegada de la democracia fue más tardía que en España. El auge del cine en Polonia llegaría con la película La deuda, del director Krzysztof Krauze, que junto con Tadeo fueron los mayores acontecimientos cinematográficos en Polonia a comienzos del año 2000. La primera de estas, se presentó como la gran puesta de largo del cine polaco ante el público internacional. Pero lo cierto es que fue rechazada en todos los festivales a los que fue enviada.
Pero a pesar del despegue de ambas corrientes cinematográficas en Polonia y España, se sabe que hasta que los filmes no llegan a la cima de Hollywood y son nominados a la estatuilla dorada, el reconocimiento internacional es ínfimo. La primera película española que ganó un Óscar a la mejor película extranjera fue Volver a empezar de José L. Garci en 1982, a la que han seguido Belle Epoque de Fernando Trueba en 1993 , Todo sobre mi madre de Pedro Almodóvar en 1999 y Mar adentro de Alejandro Amenábar en 2005. Y el primer español que consiguió un Óscar al mejor guión original de una película española fue Pedro Almodóvar por Hable con ella en 2003. Así el primer español candidato a un Óscar como mejor actor secundario sería Javier Bardem por No country for old men, que lo convirtió también en el primer español en conseguirlo. Y la primera española ganadora de un Óscar fue Penélope Cruz, con el galardón a la mejor actriz secundaria por el filme Vicky Cristina Barcelona.
Con estos hechos relativos al panorama del cine español en la escena internacional, no es de extrañar que a día de hoy Penélope Cruz y Pedro Almodóvar sean dos de los españoles cineastas más reconocidos en Polonia. Kamil Lis, polaco de veintitrés años y estudiante de Logística, señala que “Pedro Almodóvar es uno de mis directores de cine favoritos porque en sus películas se tratan temas que otros directores de cine no se han atrevido a plasmar”. Además, señala que Penélope Cruz “es una de las grandes promesas como actriz a nivel internacional”, elogiando el “impresionante papel que hace en la película Volver, una de mis favoritas”. Por su parte, Natalia Slomiani, polaca de 21 años y estudiante de Derecho, opina que “Alejandro Amenábar es el director de cine numero uno de España, pues la maestría con la que intercala los distintos tipos de plano y escenas en la película Mar Adentro, solo puede ser obra de un maestro”.
Y es que solo hace falta tener una breve conversación cinéfila con algún joven polaco para constatar que el cine español tiene una gran acogida entre el público de este país. Claro que un dato que no se puede pasar por alto al hablar de los seguidores del cine hispano en este país, es que con la expansión de la accesibilidad a Internet la recaudación en las taquillas de los cines no indica con exactitud el número de aficionados al cine español. El número de descargas de películas en la Red parece estar superando al número de asistentes a las salas de cine.
Del mismo modo, el cine polaco se ha consagrado entre el público español gracias a directores como Krzysztof Kieslowski con su trilogía Azul, Blanco, Rojo, así como Roman Polanski a través de sus obras Oliver Twist o El pianista, las cuales, según Antonio Fernández, estudiante español de arquitectura de 24 años, “son dos filmes de reconocido éxito internacional y con mucha razón” a lo que añade que “son dos largometrajes que no me canso de ver, las he visto varias veces”. Así asegura que El Pianista “ganó el Oscar, el Globo de Oro y la Palma de oro en 2002 porque fue una de las mejores películas de los últimos tiempos”. El reconocimiento del que este director goza a nivel mundial avalan los premios que en 2002 le fueron entregados en Hollywood, España y Francia.
Quizás, pronto nos sorprendan con un largometraje dirigido y protagonizado por un equipo hispano-polaco, pues a fin de cuentas tienen una historia caracterizada por rasgos muy similares. Los artistas de ambos países han sufrido la censura, han rodado la crítica y han probado las mieles del reconocimiento internacional.





















